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Analizamos el arbitraje del México vs Panamá
LOS ÁNGELES  --   México ya es mundialista. La vía exprés: ha vuelto a ser el Rey Tuerto en Tierra de Ciegos.

1-0 sobre Panamá, en un Estadio Azteca con su peor entrada en un juego eliminatorio, pese a promociones más desesperadas que las campañas políticas de algunos pillos.

Chucky Lozano y un cabezazo sentencia el juego, pero con las manos prodigiosas de Guillermo Ochoa en el auxilio, en un encuentro sedado por la poca brillantez de futbol en los 90 minutos.

Refulgentes por el Tri, Tecatito Corona, artesano del servicio a Lozano, y por momentos Andrés Guardado y la intermitencia de Héctor Herrera, pero sin consolidar un dominio vistoso ni espectacular, desentonando dramáticamente Carlos Vela y Javier Hernández.

Ahora, viene el momento de nuevas tareas. De retos genuinos. De desafíos auténticos. Más allá de las fronteras hay pocos tuertos y menos miopes, y muchos con visión 20/20.

Llegó el momento de que el Rey Tuerto demuestre si puede o no, aspirar a otros tronos, o si su destino, como lo marcaron la Copa América Centenario, la Copa Confederaciones y hasta la Copa Oro, si su destino es nacer, crecer, desarrollarse y morir, en el territorio de la Concacaf.

Sin que el boleto invicto, de momento, conseguido en siete fechas, sufra deterioro, no descarapela siquiera los testimonios poderosos del 7-0 ante Chiles, del 4-1 ante Alemania B, y la eliminación en semifinales de Jamaica.

Así, llega entonces prepararse para la cita que el mismo Osorio renovó este jueves: primero el boleto, después las formas ,y enseguida comprometerse ante los Goliaths de Sudamérica y de Europa, esos que el misticismo de sus rotaciones no ha logrado someter.

La victoria ante Panamá fue cargada de soponcios. Innecesarios por supuesto, porque Aquino y Guardado tuvieron el moño de clausura para el marcador.

En respuesta, Panamá sucumbió ante la ventaja de que Guillermo Ochoa tenga cada semana rigoristas entrenamientos semanales ante equipos competitivos, como objeto del tiro al blanco. El arquero del Standard fue relevante en el invicto de su arco.

Con el boleto en la mano, tal vez Juan Carlos Osorio entienda que lejos de claudicar en los tres partidos restantes, ante Costa Rica, Honduras y Trinidad  & Tobago, y empezar a utilizar jugadores de la Liga MX [únicamente, llega la urgencia de arle, finalmente cara de equipo a un equipo que no tiene cara de conjunto en la cancha.

Renunciar a la competitividad eventual de sus vecinos de área, equivaldría al desperdicio, aunque tendrá una concentración casi continua de dos meses con la mayoría de sus jugadores para la Copa del Mundo.

Ronronear conformismo bajo la nueva prédica de Decio de María, Guillermo Cantú y el mismo Osorio, de que fue contratado para llegar al Mundial de Rusia sin soponcios, cuando siempre, al principio, se habló de al menos el Quinto Partido, sienta bien para la corte de feligreses, groupies y asalariados del Tri, pero el objetivo no debe perderse de vista: trascender.

Es decir, ahora la única brújula valiosa y valedera es la que apunte a otros territorios, para que el Rey Tuerto deje de inhibirse a serlo solamente en la Tierra de Ciegos.

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