LOS ÁNGELES -- "No hay para más", sintetizó casi sepulcral y pomposamente Pompilio Páez los fracasos de México en la Copa Confederaciones y en la Copa Oro.

Ese "no hay para más" fue la brutal explicación del auxiliar técnico de Juan Carlos Osorio en la conferencia de prensa tras la amarga eliminación ante Jamaica en la Copa Oro, ya al borde de la exasperación y a punto de perder todo el candoroso encanto de su tierno apelativo de 'Pompi', como le ha llamado siempre la prensa colombiana.

No ha sido el único. La segunda nación más preocupada por el éxito del Tri, la colombiana, por ese apoyo irrestricto hacia el paisano, también lapida al futbol mexicano y simplifica en que Osorio es mucho collar para tan poco perro, como el jugador mexicano.

"No hay para más", explican aficionados y medios colombianos en defensa a ultranza de Osorio, aunque, eso sí, prefieren, por muy amplio margen, a Reinaldo Rueda para sustituir a Néstor Perkeman después del Mundial de Rusia.

Dícese en México de situaciones así: "Que se haga la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre". Y sí.

No están solos ni 'Pompi', ni los feligreses advenedizos del osorismo, especialmente los seguidores del Nacional.

Un grupo del periodismo mexicano se adhiere al entrenador colombiano, a su sabiduría infinita alcanzada por esa ventana al cielo y a la cancha del Liverpool, y a esa doctrina que empezó teniendo como credo las "rotaciones", que después fueron rebautizadas como "oportunidades", y en la perfumada búsqueda de la retórica hoy se llaman "alternativas tácticas".

Con esa misma ficción, esa misma facción fue a la que se le trabó la quijada al abrir exageradamente la boca, en mímica extrema de los bobalicones, cuando llegó Osorio y clasificó al futbolista mexicano dentro de la Fibra 1A y 2B, cuestionando de esa manera la competitividad física del jugador.

Apenas días después, en Raza Deportiva de ESPN Deportes, Daniel Ipata, uno de los preparadores físicos más reconocidos en México, puso orden y claridad.

El entrenador uruguayo, con esa caballerosidad que le caracteriza, explicó que para hacer semejante clasificación, que no sólo era errónea, se necesitaba de trabajo y conocimiento del entorno, por lo menos de un par de años, para atreverse a lanzar un juicio así.

Ipata desnudó a Osorio, quien después aceptaría públicamente que a ese diagnóstico le faltó fibra de conocimiento y credibilidad, y que se había equivocado. Pero la turba de bobalicones ya tenía la quijada trabada... y así ha seguido.

Así, entre el cuerpo técnico del Tri, la parcialidad colombiana y los ñoñazos en México, la estigmatización del futbolista mexicano, ya sea el que milita en Europa o en la Liga MX, es que no da pa' más.

Es decir, podrá enseñorearse en la zona marginada de la Concacaf, pero no le alcanza para atreverse a inquietar a Chile, sin riesgo de un cataclísmico 7-0, o a plantarse ante Alemania B, sin correr riesgo de un indulgente y misericordioso 4-1, y claro, sus residuos de la selección B la de la Copa Oro, esos, ni siquiera alzarle la voz a Jamaica.

Afortunadamente, el 1-1 ante Costa Rica la noche del martes, dentro del Hexagonal Final de Concacaf, fue un mentís brutal hacia ese triunvirato de la difamación del jugador mexicano.

Con ocho (pomposamente dicho) "alternativas tácticas", en la alineación, jugando con diez por la labor híbrida de estorbo y extraviado de Diego Reyes, México ofreció una de sus exhibiciones menos precarias en la época de Juan Carlos Osorio. Vaya, hasta agradó.

Ojo: por lesiones, sanciones y permisos, al cuerpo técnico no le quedó más remedio que poner a jugar a lo que tenía en la posición correcta, sin margen ya para improvisar incongruencias de centrales como laterales, y hasta los perfiles cambiados que primero fustigó, como en el caso de Miguel Layún, y ahora hace de ello un exceso pantagruélico.

Sin entendimiento, sin congruencia como equipo, sin un mapa aplicable en la cancha, porque hasta los jugadores viven en la confusión de quiénes son y qué hacen y de qué juegan, pero a impulsos individuales, con una convicción genuina y ante la generosidad de jugar al futbol de la que hizo gala Costa Rica, México confirmó que tiene potencial humano.

Volvemos a una vieja explicación, que parece ofensiva para el futbolista mexicano, pero es, por el contrario, un reconocimiento a la suma de sus virtudes, a través de la suma de sus carencias.

El jugador mexicano, por biotipo, por formación, por desarrollo, ni es el más rápido, ni el más fuerte, ni el más hábil, ni el más disciplinado, ni el más atlético, ni es el más alto, ni es el más inteligente tácticamente, ni es el más rico técnicamente, pero con la suma de lo poco o mucho que tiene de esas facultades para competir, le alcanza para desafiar a cualquiera.

Porque creer que "no hay para más" en esa pena de muerte dictada por Pompilio Páez, denigrando al futbolista mexicano, equivaldría a juzgar de chiripazos los Campeonatos Mundiales Sub 17, la medalla de oro en Juegos Olímpicos, los dos subcampeonatos en Copa América, y rendimientos respetables en Mundiales Sub 20.

Queda claro que más allá de la brutalidad embrutecida de ese manifiesto del "no hay para más" que comparten en el cuerpo técnico del Tri, entre la afición colombiana y un sector imberbe del periodismo mexicano, pruebas hay que el jugador mexicano tiene, en esta generación, la posibilidad de cambiar la herencia cíclica del fracaso cada cuatro años. Claro, si no llega alguien con una libreta donde se redescubre el agua tibia.

Tal vez ese "no hay para más" de Pompi, deba ser aplicable a las facultades reales del cuerpo técnico de esta selección mexicana. Tal vez hay para llevar al equipo a dominar la Concacaf, pero no hay para desafiar a selecciones de Sudamérica y Europa.

Por lo pronto, ante los ticos, el jugador mexicano demostró que está en condiciones de hasta sobrevivir, por encima incluso del desdén de sus propios entrenadores, convencidos de que "no hay para más".

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LOS ÁNGELES -- Al amparo de un autogol del tico Gamboa, y bajo el amparo de Guillermo Ochoa --nuevamente, como ante Panamá--, México conserva entre zozobra, el invicto dominante en la Zona de Concacaf 1-1 en Costa Rica.

El Tri de Juan Carlos Osorio se encontró con una bendición: la generosidad de Costa Rica, duro y rudo en la marca, pero aseado también en sus pretensiones futbolísticas.

De los ticos, necesario subrayar algo: el futbol lo mantienen, agradable, organizado, asimilado, intacto. Sólo, esta noche de martes, le hizo falta ese otrora discurso incendiario de Jorge Luis Pinto.

Este martes, hubo demasiado respeto a la camiseta del adversario, ese mismo respeto que en la culminación del Hexagonal pasado, nunca tuvieron. Costa Rica no salió cebado como aquella vez los inquietó sanguinariamente el discurso de Pinto. Y se le fue viva la presa.

México presentó confirmaciones. Y de esas valiosas, de esas que deben ser santificadas por encima de la apostasía de las rotaciones.

1.- La travesía de Chucky Lozano por Europa le ha detonado su voracidad: hoy quiere y quiere siempre. Aún la precipitación le desborda al razonamiento del último pase, pero el tiempo lo sanará.

2.- Con Raúl Jiménez hay más alternativas de juego. Sin duda como hombre punta aporta más sociedad y recursos que Javier Hernández. Está fraguado para amoldarse a las urgencias o las habilidades del compañero.

3.- Andrés Guardado se siente cómodo y hace sentirse cómodo a Jonathan dos Santos. El jugador del Betis vive ese momento de madurez para, desde otro sitio, tratar de mantener equilibrio, orden y embestidas, como lo más próximo a Rafa Márquez, aunque, jamás como el Káiser.

4.- Dos partidos en los que es el jugador determinante: Guillermo Ochoa había sido clave en el triunfo ante Panamá y tres lances ante Costa Rica impidieron una jaqueca.

¿Se liberó México de la presión al conseguir el boleto mundialista? Seguramente. Se defiende mejor, controla mejor el balón y volvió a aprovechar que de visitante en la Concacaf puede jugar mejor, cuando el compromiso y la tensión pululan con la camiseta del local.

Pero, sí, pero...

Este martes quedó en evidencia el capricho de Osorio. Costa Rica, apegado a una osamenta táctica y de futbolistas bien identificados, se le facilitaba el control del juego, incluso con la delicia del toque de primera intención: es el trabajo sin improvisaciones ni "alternativas tácticas", vulgo, rotaciones.

Con algunos jugadores de mejores condiciones técnicas y futbolísticas que Casta Rica, de llevar a cuestas ya un trabajo organizado, inducido, identificado, hacia un equipo base, México penaría menos y haría penar más a sus contrincantes.

Por eso, este martes, en lugar de aprovechar la calidad de sus jugadores para imponer un estilo y una personalidad, termina amparado por la crueldad de un autogol, más que por la autoridad de sus propias destrezas.

Pero, ya se sabe, mientras ocurran este tipo de situaciones fortuitas, afortunadas, como el suicidio de Gamboa, se seguirá vanagloriando la estrechez del resultado por encima de la exaltación a la preocupación del funcionamiento.

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LOS ÁNGELES  --   México ya es mundialista. La vía exprés: ha vuelto a ser el Rey Tuerto en Tierra de Ciegos.

1-0 sobre Panamá, en un Estadio Azteca con su peor entrada en un juego eliminatorio, pese a promociones más desesperadas que las campañas políticas de algunos pillos.

Mexico celeb vs Panama
Getty Images

Chucky Lozano y un cabezazo sentencia el juego, pero con las manos prodigiosas de Guillermo Ochoa en el auxilio, en un encuentro sedado por la poca brillantez de futbol en los 90 minutos.

Refulgentes por el Tri, Tecatito Corona, artesano del servicio a Lozano, y por momentos Andrés Guardado y la intermitencia de Héctor Herrera, pero sin consolidar un dominio vistoso ni espectacular, desentonando dramáticamente Carlos Vela y Javier Hernández.

Ahora, viene el momento de nuevas tareas. De retos genuinos. De desafíos auténticos. Más allá de las fronteras hay pocos tuertos y menos miopes, y muchos con visión 20/20.

Llegó el momento de que el Rey Tuerto demuestre si puede o no, aspirar a otros tronos, o si su destino, como lo marcaron la Copa América Centenario, la Copa Confederaciones y hasta la Copa Oro, si su destino es nacer, crecer, desarrollarse y morir, en el territorio de la Concacaf.

Sin que el boleto invicto, de momento, conseguido en siete fechas, sufra deterioro, no descarapela siquiera los testimonios poderosos del 7-0 ante Chiles, del 4-1 ante Alemania B, y la eliminación en semifinales de Jamaica.

Así, llega entonces prepararse para la cita que el mismo Osorio renovó este jueves: primero el boleto, después las formas ,y enseguida comprometerse ante los Goliaths de Sudamérica y de Europa, esos que el misticismo de sus rotaciones no ha logrado someter.

La victoria ante Panamá fue cargada de soponcios. Innecesarios por supuesto, porque Aquino y Guardado tuvieron el moño de clausura para el marcador.

En respuesta, Panamá sucumbió ante la ventaja de que Guillermo Ochoa tenga cada semana rigoristas entrenamientos semanales ante equipos competitivos, como objeto del tiro al blanco. El arquero del Standard fue relevante en el invicto de su arco.

Con el boleto en la mano, tal vez Juan Carlos Osorio entienda que lejos de claudicar en los tres partidos restantes, ante Costa Rica, Honduras y Trinidad  & Tobago, y empezar a utilizar jugadores de la Liga MX [únicamente, llega la urgencia de arle, finalmente cara de equipo a un equipo que no tiene cara de conjunto en la cancha.

Renunciar a la competitividad eventual de sus vecinos de área, equivaldría al desperdicio, aunque tendrá una concentración casi continua de dos meses con la mayoría de sus jugadores para la Copa del Mundo.

Ronronear conformismo bajo la nueva prédica de Decio de María, Guillermo Cantú y el mismo Osorio, de que fue contratado para llegar al Mundial de Rusia sin soponcios, cuando siempre, al principio, se habló de al menos el Quinto Partido, sienta bien para la corte de feligreses, groupies y asalariados del Tri, pero el objetivo no debe perderse de vista: trascender.

Es decir, ahora la única brújula valiosa y valedera es la que apunte a otros territorios, para que el Rey Tuerto deje de inhibirse a serlo solamente en la Tierra de Ciegos.

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LOS ÁNGELES -- Están desarmados. Están indefensos. Ante las rotaciones. Y ante las improvisaciones de puestos. Y ante las convocatorias.

Desarmados, indefensos y confundidos. Así están los seleccionados mexicanos. Pero, cuidado, ciertamente, no están vencidos.

Sin líder, con la abdicación involuntaria de Rafa Márquez, la conducción del Tri, ante Panamá recaerá evidentemente en Andrés Guardado.

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Único capacitado para retocar y trastocar de un grito y un consejo lo que ocurre en la cancha, incluso por encima del entrenador, Márquez termina enclaustrado en el peor de los silencios: el abandono.

Sin esa sapiencia evidente en el campo, sin la jerarquía de orden y personalidad, sin el recorrido exuberante de Márquez, el mando queda en Guardado, evidentemente un reflejo genuino de ese péndulo dramático entre la fortaleza y la fragilidad del futbolista mexicano.

Si bien, ese examen de cacicazgo lo reprobó dramáticamente en la Copa América Centenario, los extremos en los que se ha debatido su carrera, entre pasarelas exitosas y deambulando en la calamidad de la incertidumbre, Andrés Guardado tiene este viernes ante Panamá el desafío supremo de tomar el mando del grupo.

Hasta antes del Mundial de Brasil, el hoy jugador del Betis vivía entre el desprecio absoluto. En Alemania y España. El Valencia no sabía qué hacer con él, y el Leverkusen lo dejó en el departamento de saldos.

En ese momento, Guardado habitaba en el limbo. Absolutamente. El Mundial de Brasil parecía una utopía. Arrastraba el lastre de haber dejado, junto con los otros "europeos", a México en la plancha de autopsia en el Hexagonal Final de Concacaf.

Con sólo 49 juegos en el Valencia y sólo cuatro en el Leverkusen, ya con el boleto a Brasil en la mano, Miguel Herrera lo convoca para un par de amistosos. Naufraga, pero El Piojo no pierde la fe. Lo reacomoda en la cancha.

Y después, el renacimiento. En el PSV ganó todo lo que realmente su club puede ganar, y la forma majestuosamente afectiva en la que fue arrullado y en su momento despedido, habla de la trascendencia de este jugador mexicano, al menos en la aldea holandesa.

Insisto, hoy, más allá de sus desatinos en la Copa América Centenario, desde la expulsión a la hecatombe ante Chile, esa de la cual fue marginado Márquez por motivos muy personales de Juan Carlos Osorio, no fue capaz de reaccionar ante el brutal oleaje andino que mancillaba con sádica devoción al Tri.

Este viernes, ante Panamá, es la prueba de fuego para su autoridad. No se trata de que sea otro Rafa Márquez. Eso es imposible. Esa inteligencia que Márquez desarrolló en condiciones de mando en Barcelona, de la mano de sus entrenadores, no ha estado al alcance de Guardado.

Una verdad innegable, detrás de la cual se amparan los técnicos perdedores, pero de la que sacan lustro los técnicos ganadores, es esa de que los que ganan y pierden los partidos, son, al final los futbolistas.

Por eso, hoy, retomando el primer párrafo, desarmados, indefensos, confundidos y confusos, los jugadores del Tri por esas peculiaridades de Osorio en el maneo del equipo, los jugadores tienen su propia revancha, su propia obligación, su propia responsabilidad.

En la época de Osorio, esa en la que palurdos e imberbes, se cobijan bajo las cifras del dominio del tuerto en la Tierra de Ciegos de Concacaf, sólo pueden destacarse algunos juegos: ante Uruguay, EE.UU. en Columbus, y unos minutos ante Portugal. El resto, calamitosos.

Aunque suene a reiteración encanecida y encarecida, pero la victoria sobre EE.UU. en Columbus, el rompimiento de esa jettatura ominosa y humillante, se enaltece en la voluntad de los futbolistas más que en el quehacer de Osorio, así como, puntualizamos, el 7-0 ante Chile no puede suscribirse estricta y únicamente en el patatús mental que sufrió el colombiano, sino en la absoluta estulticia táctica y competitiva de los mismos jugadores. Cuando estaban ya muertos, encima deciden suicidarse.

En medio del desdén de la afición, a la que le envuelven el kilo de tortillas con un boleto para el juego, para suplicarle que acuda al Estadio Azteca, para que no abandone a su Tri, y en medio, de ese persistente clima patibulario que azuza a Osorio, ciertamente los jugadores tienen la respuesta más importante.

Con ausencias clave, con improvisaciones nuevamente, con inventos demenciales en el acomodo de jugadores, pero, al final, son esos 11 en la cancha, bajo la voz de Guardado los que deben elegir su destino inmediato.

Sabido es que Osorio no encuentra el discurso para soliviantar a sus jugadores. Prueba de ello es que el llevaron al profeta de la bellotas, al predicador de los robles, a Imanol Ibarrondo, para que consumara una metamorfosis en la voluntad de los jugadores. No pudo o no supo, pero al final, ya ni Osorio cree en él, ni él cree en Osorio, y se dedica a arrumacos con Guillermo Cantú para conservar la chamba.

Entonces, la orden y el orden de ataque contra Panamá este viernes, comienza y termina con los jugadores, y con el que asoma como el capataz sentimental de la cuadrilla: Andrés Guardado.

Porque, recalco: están desarmados, indefensos, confundidos, pero no aniquilados.

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LOS ÁNGELES -- Es Panamá. Muy cerca de cruzar el canal hacia Rusia 2018. O al menos hacia la repesca ante Asia.

Y es El Bolillo Gómez. Todo un verraco (o berraco, ni la RAE lo sabe), en estricta definición colombiana. Y verraco/berraco en todas sus acepciones. A Juan Carlos Osorio lo conoce, tanto que ve a través de él.

Bajo ese menú y otros condimentos, a México parecería que le sirven un flan, pero puede ser, también, una bandeja paisa muy indigesta.

Juan Carlos Osorio
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Hay generosos ingredientes para la confrontación de este viernes entre el Tri de Osorio y Panamá. Por eso, puede ser este encuentro el parteaguas dramático.

¿LENGUASLARGAS...?
Insistiendo en que ni la conquista de Columbus (2-1 a EEUU) ni el holocausto en Santa Clara (7-0 ante Chile) son entera ni exclusivamente de Osorio, ni el mérito absoluto la primera ni la aberración absoluta del segundo, la apuesta es para todos.

Si aparte de vehemente, es sincera, leal y noble la locuacidad de los jugadores defendiendo a Osorio, Panamá y Costa Rica son el momento oportuno de transpirarla en la cancha y enaltecerla en el marcador. Hechos que consoliden verborrea.

Dóciles hacia las rotaciones, sumisos hacia las improvisaciones, subyugados a la asignación de funciones, los jugadores del Tri reiteran que la doctrina de Osorio los puede desconcertar, pero no, como parte de un fin común, llegar a exasperar.

Eso dicen ellos. Cierran filas y abren la boca. Llegó el momento de ponerle la huella dactilar bajo la notaría infalible de la cancha. Ahí -y en el marcador- la firma es indeleble.

SOFOCAR SUBLEVACIÓN...
Tras la tormenta de los Jinetes del Decálogo, que terminó en una lloviznita inocua, cuando los cruzados de Pachuca, OmniLife y Tigres sucumbieron en la desolación, Juan Carlos Osorio salió fortalecido, pero debilitado.

Fortalecido salió, porque dirigiendo al futbol mexicano por WhatsApp, Emilio Azcárraga Jean arrió a Decio de María a confrontar la sesión de la Comisión para Desarrollo del Futbol -que ya en su nombre es una falacia-, e informarles que eran bien recibidas sus inconformidades, sus preocupaciones, sus escalofríos nocturnos, y hasta sus bochornos, pero que Osorio seguiría.

Pero, evidentemente, Osorio quedó expuesto, porque sabe que hay una mayoría de embozados que quieren su cabeza en la siempre sedienta guillotina de la selección mexicana.

Ante Panamá, el colombiano tendrá que ser muy verraco/berraco para sortear la forma silenciosa en que ha sido sitiada y situada su continuidad.

Al final la ecuación es muy sencilla: si él se equivoca poco y sus jugadores aciertan mucho ante esta Panamá hambrienta y este ladino Bolillo Gómez, no habrá sublevación alguna que le permita a la coalición Pachuca-OmniLife-Tigres poder cercenar a Osorio, colocar al Tuca Ferretti y el próximo julio anunciar a Vicente del Bosque.

Podría agregarse otra pista en este circo itinerante de morbo. La afición mexicana ha desdeñado a su selección. Sigue idolatrando a sus embajadores europeos, pero ya ve de reojo al entrenador y parece distante del Estadio Azteca.

Como en peregrinación caritativa, la FMF llega ya a ofrecer promociones desesperadas en la venta de boletos. Más allá de los que se regalan en la compra de chicles entre los ambulantes del metro de la Ciudad de México, llegó la baratiza del dos por uno.

Las caras largas se esfumarían, y los indignados perdonarían, si el Tri es capaz de ponerle el cascabel al tigre de Bolillo Gómez, en una oportunidad poderosa, nuevamente de acercarse nuevo al menos a la repesca para el Mundial, además de levantar una estatua de Hernán Darío Gómez en la zona prominente del corredor Vía Brasil.

Por otro lado, si la selección mexicana no consuma esa superioridad mencionada, pueden irse olvidando, de desterrar el grito de "¡Eeeeeeeeeetcétera!" de la tribuna.

Panamá, con su simbólica referencia al canal, significará, cualquiera que sea el desenlace, un parteaguas para este Tri de Osorio.

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LOS ÁNGELES -- Cruz Azul juega mejor, mucho mejor. Ya era tiempo. Tras la agonía o se cura o se le sepulta.

Cruz Azul repta cuesta arriba, hacia la salvación. Ya era tiempo. Mérito propio. El náufrago ante su impredecible marea.

Cruz Azul ya ilusiona, como en otros tiempos de catarsis con Luis Fernando Tena y con Memo Vázquez. Ya era tiempo. La Fecha 17 dirá si es oasis o espejismo. Porque son casi 20 años con cicatrices abiertas. Exhumemos los recuerdos.

Cruz Azul regocija, embelesa. Ya era tiempo. Tras torneos de padecimiento absoluto. Hoy seduce, atrae más que un simple desliz de reojo. Concita, además, con morbo.

Pero, la cólera de Paco Jémez en el calamitoso torneo anterior no se ha ido. Este sábado refrendó su capacidad de sulfurarse.

A la primera pregunta en la conferencia de prensa en ese espacio hacinado, inhabitable e inevitable donde se realizan estos afligidos protocolos en el Estadio Azul, con temas referentes a la fragilidad celeste en los últimos minutos (les empata 1-1 Monterrey al '83) y a las denigrantes dagas del Turco Mohamed, Jémez guillotinó el diálogo: "Para estupideces, no estoy", en una organización de palabras al estilo del Yoda.

Y tal vez tenga razón Jémez. Los medios mexicanos se han ofendido. Pero, les faltó tal vez reflexionar, para entender el resoplo del canario. Y él lo sabe: la victoria le habría acomodado en el mismo pupitre del América.

1.- CRUZ AZULEAR...

La primera pregunta, engolada y con el moño de la diplomacia, era espetarle, brutalmente, que el Cruz Azul había vuelto a cruzazulearla. Ganaba 1-0 y le empatan. El ADN de la casa. El estigma del apellido.

"Para estupideces, no estoy". Tal vez, el elegante Paco Jémez, no quiso demeritar la pregunta del reportero. No, por favor, entiéndanlo. Sintonicen las frecuencias avanzadas y profundas de su discurso.

"Para estupideces, no estoy". Y seguramente se refería a la incapacidad de sus defensas para reaccionar en una jugada que con decisión y testosterona, su defensa debió anticipar, porque pudo hacerlo, la bayoneta implacable de Avilés Hurtado.

Tal vez ni Jémez, y mucho menos el momento de Cruz Azul, están para la alquimia de semejantes estupideces que te cuesten puntos. La estupidez no está en la pregunta sino en la estupidez que legitima la pregunta.

2.- SILLA TURCA AL TURCO...

El Turco Mohamed había dicho antes, en esa misma silla, menos caliente entonces que con la ira de Jémez, que sólo había habido un equipo en la cancha: Monterrey.

Después, aunque no estaba en el menú de la pregunta reporteril, sobre su incapacidad de ganar, en seis juegos en el Estadio Azul, Mohamed dio un latigazo al orgullo celeste: "Es como si me preguntas porqué Cruz Azul lleva 20 años sin salir campeón".

Pero, acerca de la puñalada de Mohamed sobre la que fue interrogado, esta vez Jémez no lo invitó a él "a lo oscurito", sino que, entiendan medios mexicanos, catalogó simplemente que "para estupideces, no estoy", y que era una estupidez la consideración del Turco y no necesariamente la pregunta del reportero.

Si Jémez es un incomprendido. Un adelantado. Al palmense no se le empalman las ideas. Claro que no. Cuando dijo "para estupideces, no estoy", él no quería hablar de la estulticia de su equipo ni de la estulticia del Turco. Prudente aunque bruscamente, declinó responder, para no flagelar a su defensa, ni al dicharachero técnico de Monterrey.

Más allá de si nuevamente este lunes lo envían de nuevo a disculparse, como ocurrió después de su tic nervioso y de disparar con el dedo mayor una mentada de madre contra su tribuna, tal vez Paco Jémez explique claramente que no agredió a un reportero, sino que su pudor, su inteligencia, su don de gentileza, su bonhomía, su educación, sus genes, le obligaron a no dar una zurra pública a su cuadro bajo ni a un colega.

El agnóstico estadounidense Robert G. Ingersoll citó alguna vez que "la cólera es una ráfaga de viento que apaga la lámpara de la inteligencia".

Y si encima esa lamparita de Jémez es de mecha corta, en una de esas me responde que "para estupideces, no estoy...", y no me ofenderá a mí, sino a uno de los más poderosos oradores de EEUU. ¿O no?

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México, Fútbol, Cruz Azul

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LOS ÁNGELES -- Juan Carlos Osorio regresó jovialmente a escena este jueves. Parece que no rompe un plato, pero la vajilla de retos del Tri está totalmente rota.

Y queda claro que el entrenador colombiano disfruta de la Ley de Murphy más que del sentido común. "Si el pan tostado se cae, siempre será por el lado de la mantequilla". No, la frase no es de Osorio, por si usted tenía duda, es de Murphy.

Repuesto de los sopapos del fracaso en la Copa Confederaciones ("la intención es jugar la Final") y la Copa Oro ("tenemos todas las posibilidades de ganarla"), y sin necesitar esta vez refugiarse purgando sus penas, bajo la falda generosa de Marcelo Bielsa en su monasterio del escapismo, Osorio presentó su selección mexicana para enfrentar a Panamá y visitar a Costa Rica.

Más allá de mofarse con cierta delicadeza de la trinca que quería treparle al patíbulo (Grupo Pachuca, Grupo Omnilife y el Inge Rodríguez de Tigres), al escupirles con su forma modosita de explayarse, les pisoteó su decálogo.

Osorio
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Osorio dejó en claro que seguirán las rotaciones, que improvisará posiciones y que no necesita especialistas en puestos como los laterales, dejando entrever que técnicos preocupados por esas posiciones son ñoños, retrógados y tarugos, como Guardiola, Ancelotti, Conte y Mourinho, por citar algunos.

Y seguramente los científicos de aquel Decálogo que presentaron a Decio de María y Guillermo Cantú, como mensajeros directos para Osorio y el Salón Oval de Televisa, hoy deben sentirse burlados y vejados públicamente, porque su revuelta tuvo menos impacto que la familia de acarreados en el Aeropuerto de la Ciudad de México, y que según el técnico colombiano "fue orquestrado (sic)".

"Había un niño", dijo Osorio, pero "no la vi, porque no quise verla (la manifestación 'orquestrada')".

Subraya que no necesita laterales y sus explicaciones tienen menos sustento que el antiético Código de Ética de Decio.

Dice, por ejemplo, que tiene, en la perfección "de las basculaciones", como marcador por el lado izquierdo, a Héctor Moreno, quien jugó ahí en el PSV y en la Roma, pero nunca se dio cuenta que en el equipo italiano fue enviado rápidamente a la banca.

1.- Queda claro que si a tu mejor defensa central decides enviarlo a que juegue en desventaja, incómodo, frágil, vulnerable, en lugar de mantenerlo donde es tu mejor baluarte, atentas contra el futbolista y contra el equipo.

2.- Esto significa que estará enviando al suplente de Moreno con riesgo de una menor calidad, mientras Moreno hará un trabajo de menor calidad que un lateral natural (Aris Hernández, Manny García, Luis Reyes, etc.)

3.- Es decir, destapa dos agujeros, o dos fosas futbolísticas, cuando llevando a un lateral natural, no necesitaría de semejantes cavilaciones.

Pero, de la misma academia de Murphy, tal vez Jardiel Poncela definió a Osorio al explicar que "el sentido común es el menos común de los sentidos". Y tal vez Osorio prefiere el pan tostado con la mantequilla aderezada del piso.

Llama la atención cómo Osorio involucra en su lista, en la cual jura que sólo incluye "a los que están en su mejor momento", a tres futbolistas que llevan a cuestas con su crisis personal, la peor crisis de su equipo: Jair Pereira, Rodolfo Pizarro y Orbelín Pineda.

Y en su línea de trabajo, asegura Osorio que pretende mantener las rotaciones, que ahora pretende convertir en oportunidades, y para resolverlo presentó una suma de los minutos de 23 jugadores, los cuales, ciertamente no saben dónde jugarán, cómo jugarán, si jugarán o, simplemente, como pasó a Carlos Vela, será enviado a la banca porque su carrocería es frágil y endeble ante los futbolistas alemanes.

Ciertamente los Padrinos del Decálogo (Pachuca, Omnilife y Rodríguez) seguirán agazapados a la espera del desenlace de los juegos que México está obligado a ganar: recibiendo a Panamá y visitando a Costa Rica.

Tal vez todos ellos creen también en una de las leyes de Murphy: "Cualquier esfuerzo por agarrar un objeto en caída causará más destrucción que si dejamos que el objeto caiga naturalmente".

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México, Fútbol, Guadalajara

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LOS ÁNGELES -- Su reinado mismo puede vivir menos que el mismísimo rey. Una agonía con las manos vacías.

Efímera, parece, la era de Chivas como monarca del futbol mexicano. Con cuatro puntos, la Liguilla está en el mapa de las utopías. Necesita sacar el 67 por ciento de los puntos de los 33 restantes para, al menos, aspirar a la Liguilla. Improbable, aunque no imposible.

Más allá de la crueldad tirana de las estadísticas, a Chivas le supura el mal funcionamiento. No importa solo cuánto tiene, sino cuánto merece. Números rojos.

Tras jornadas generosas de ser el equipo más vistoso de la Liga MX el torneo anterior y algunos asomos en este, ya ante Santos, Chivas ofreció la más ramplona de sus actuaciones. Traicionó esa ejemplaridad del Almeydismo. Debió dolerle.

El problema se centra, tal vez, en dos futbolistas. Alguien secuestró a sus adalides de la conquista de la escarpada fortaleza del título, protagonistas genuinos y geniales de esa alquimia fascinante de sudor, lucha y talento.

Pero en una obsesión por encontrarlos antes que el 911, en los tres últimos encuentros fueron puestos bajo la lupa y el diagnóstico es que deambulan sobre la cancha.

¿Alguien ha visto a Orbelín Pineda y Rodolfo Pizarro? Los dos candidatos del vecindario de los rumores, a saltar a Europa a un plazo corto y con un futuro largo.

Ojo: ninguno ha renunciado por vocación a sus obligaciones en la cancha, parecen, sin embargo, ambos, Pineda y Pizarro, dispersos, desubicados, desconcentrados, desconcertados.

Con referencia de video en las manos, el recorrido inteligente, astuto y ambicioso de ambos en la cancha para auxiliar al compañero, en esa labor de achique disfrazado, era asombrosa en los mejores momentos del Guadalajara.

¿Ofensivamente? La presencia de Orbelín en ambas áreas, con autoridad para recuperar balones o poder definir jugadas de gol, lo colocaban como el mejor de los volantes del futbol mexicano, por encima, incluso, en esas labores, de un Guido Pizarro.

Por otro lado, otro Pizarro, Rodolfo, que cuando asumió el rol de mando en Chivas fue cuando el equipo encontró un pulmón extra en media cancha y un punzante futbolista de ataque, por cualquier corredor posible, con una visión altruista de gol.

Hoy, Pizarro colabora poco en relevos defensivos y se enreda en una confusión inentendible cuando la pelota le llega a su perfil napoleónico de ataque. Parece más disperso y confundido que cuando recién llegó al Guadalajara.

Insisto: no se puede citar a ninguno como culpable del momento de Chivas, pero si hay que pasar lista de responsables, estos son sin duda Hansel y Gretel, y alguien se tragó las migajas de pan y no encuentran el camino de regreso a aquel protagonismo exuberante.

¿Fatiga extrema? ¿Estigma moral tras el fracaso en la Copa Oro? ¿Resaca por el manoseo y el desconcierto en la perversión de posiciones bajo el mando contradictorio de Pompilio Páez y Juan Carlos Osorio?

Hay una explicación no comprobada: ambos esperaban estar más cerca de Europa tras el título, e incluso hay quien afirma que a Pizarro le dolió que Chucky Lozano fuera exportado antes que él. Pero esta referencia parece demasiado mezquina, aunque no totalmente descartable.

Lo cierto es que Matías Almeyda no ha logrado recuperarlos. Y a veces, en momentos clave del juego, Chivas parece jugar con nueve. Hansel y Gretel no han vuelto...

Cierto que ambos se perdieron la primera jornada por el funesto compromiso con el Tri en la Copa Oro, y cierto que Pizarro regresa y ha embocado dos goles estupendos, pero, ¿y después...?

Por eso, aunque parece que el mismo reinado durará menos que el mismísimo rey, lo cierto es que para esa hazaña imprescindible para Chivas, de ganar al menos siete de los once juegos pendientes, necesita la recuperación urgente de dos de los futbolistas mexicanos más importantes.

Querétaro, este fin de semana, parece ser una oportunidad para todos en Chivas, aunque, difícil olvidar que en sus dos más recientes juegos sufrieron ante desahuciados: el 0-1 ante Puebla, y rescataron con el rosario en la mano, el 1-1 con Santos.

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LOS ÁNGELES -- Drama. Ansiedad. Angustia. Ilusión. Con eso y futbol bien jugado se nutre un espectáculo. Y América y Tigres lo dieron.

2-2. Un empate. Deja agruras, si se quiere, para un Tigres que tuvo la ventaja, y también para un América que gozaba del cobijo de su Nido.

Pero, como espectáculo, como choque de poderosos, un belicoso y digno 2-2, para que todos, especialmente los aficionados al futbol, puedan dormir satisfechos, plenos.

Porque, más allá de la euforia desbocada en decepción entre los aficionados de Tigres y bajo el amparo de ese resoplido final de supervivencia entre los americanistas, en ambos bandos debió prevalecer la eventual fastuosidad del espectáculo.

Cierto: el arbitraje sigue enfangándose. Se ensucia de torpeza, de temor, de incoherencia, pero termina siendo un lastre enquistado que damnifica, inevitablemente, a todos los equipos.

Sorprende Tuca Ferretti dejando en la banca a Gignac, Vargas y Sosa, sin menoscabo del manejo del partido por momentos, y el latigazo incisivo por ambas bandas con Aquino y Damm.

Minucioso, detallista, didáctico debió ser en el vestuario, la lectura del adversario. Hasta con eso se sazonó el encuentro. Ferretti y Miguel Herrera también tenían una confrontación personal en ese ego tan humanamente incontrolable.

Reacomodos tácticos por ambos equipos en el mismo primer tiempo, cambios venenosamente inducidos, respuestas del adversario, y hasta la fortuna cuando el mismo rescatista 'Güero' Díaz mata los nervios y mata a Nahuel en la respuesta instintiva para el 2-2.

Y más allá del mapa estratégico que pudieron desplegar y después guardarse en la bolsa ambos entrenadores, ciertamente la devoción y el compromiso de los jugadores fue contaminando de esa rabia bendita de competencia a cada uno de los jugadores.

Insisto, más allá de las torpezas arbitrales de Ortiz Nava, que serán vistas con un cristal diferente de cada fanatismo, los jugadores aceptaron ese desenlace de jugar duro y jugar rudo, azuzados además, al entender que el silbante tenía como concepto de justicia su instinto de supervivencia.

Las cifras no mienten: 34 faltas, 17 por bando, es decir, una casi cada dos minutos y medio, con base en los 90' reglamentarios. Se dieron, mutuamente, pero no hubo pucheros de espíritus frágiles.

Y mientras podría cuestionarse el bajo nivel de Paul Aguilar, a quien sacaron al baile con frecuencia, fue pundonorosa la respuesta de Miguel Samudio: a partir del penalti que comete sobre Damm se convirtió, en el segundo tiempo, como un gallardo acto de contrición, en el jugador referente en varios ataques de las Águilas.

En un plantel tan sólido como Tigres, capaz de transformarse sin demérito con sólo un movimiento, cuando Gignac entra por Zelayarán, y aunque pierde conducción y lucha, el francés obligó a la reubicación de Guido Rodríguez

El 2-2, insisto, tendrá ese sabor de injusticia, de insuficiencia para ambas aficiones, y para los equipos mismos, un saborcito amargo, pero, visto desde la barrera de la indiferencia, cualquiera pudo y debió saborear el encuentro.

Con dos de los planteles más poderosos metidos en la azotea de la general entre un pelotón dominante, el saborcito del empate, como un mensaje de imbatibilidad en un duelo de poder a poder, deja a ambos en la lucha abierta del protagonismo.

Tigres recibe a un equipo con una nómina diez veces inferior, pero capaz de cualquier hazaña, como Lobos BUAP, mientras que América visita a una de todas esas plazas en las que ha provocado el levantamiento poderoso del Ódiame Más: Morelia.

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LOS ÁNGELES -- ¿Crisis en Chivas? ¿Caos? ¿Desahucio? ¿Eliminado en la Jornada 5? Cierto: es sotanero, tiene sólo tres puntos, huérfano de victorias y es el sexto equipo más castigado.

Hace unos meses, en el Clausura 2017, Tigres, campeón del Apertura 2016, llegó a la Fecha 6 con cuatro puntos, cierto con una victoria incluida, y sobre su víctima en la Final, el América.

Hasta esa Fecha 6, el equipo con el mejor plantel de todo América, parecía condenado a la guillotina de la Campeonitis, y por igual se le desahuciaba de pretensiones de Liguilla.

Al final, ese mismo Tigres desahuciado en la Fecha 6, disputó el título y sucumbió ante Chivas, quien tuvo de aliado al árbitro Luis Enrique Santander.

Hoy, Chivas encara la resaca del campeón. Sus cifras tienen ese saborcito fúnebre del epitafio. Para Liguilla necesitará conseguir 23 puntos de 36 en disputa, es decir, a partir de este miércoles ante Santos necesitaría cosechar el 64 por ciento de las unidades en disputa.

Matías Almeyda, Chivas no alcanza el nivel de futbol del torneo anterior. Hoy, juega bien, pero sólo por momentos, y carece de solución de gol, como debería serlo Alan Pulido.

Hay explicaciones puntuales del momento actual del Guadalajara. Parecería precipitado, pero no infundado, entender a quienes ven a Chivas fuera de la próxima Liguilla, y abdicando al trono de la Liga MX.

1.- LOS DESAPARECIDOS...

¿Dónde están Orbelín Pineda y Rodolfo Pizarro? Hoy son una versión muy lejana a su protagonismo del torneo anterior. Pelean menos por la pelota, recuperan aún menos, y se equivocan cuando la tienen a su servicio.

Más dramático es el caso de Orbelín, considerado el mejor jugador mexicano del torneo anterior. Aquella serenidad e inteligencia para transformar cada balón en una propuesta ofensiva, ha desaparecido. Su presencia en el área ha perdido la astucia, y hasta asombra su inseguridad para salir con el balón.

Parecería que la experiencia fallida y penosa, por la confusión de posiciones y funciones con Juan Carlos Osorio, en la vergonzosa Copa Oro, aún sigue enquistada en las cabecitas de ambos jugadores.

2.- LOS ALIADOS SE VOLTEARON...

La mano oscura que les dio el título al perdonar aquel penalti, es la misma que hoy ha metido en problemas al Guadalajara. Parecería que quieren lavarse la cara con nuevos errores.

Y si el arbitraje saca la daga a traición, Matías Almeyda ayuda menos, hurgando en las molleras rencorosas del cuerpo arbitral. Ya debería haber entendido que en el futbol mexicano el que hiere con el verbo, muere a silbatazos.

A una serie de desaciertos arbitrales, nocivos al Guadalajara, se agrega de manera monumental lo ocurrido ante Puebla. Le expulsan a Pereira (minuto 16) quien ni siquiera le dio un zape al rival, mucho menos lo toca.

Además, Ríos Jácome decide no marcar un claro penalti sobre La Chofis López, a pesar de que él y su juez de línea estaban de frente y sin estorbos en la jugada. Dos bayonetas desleales en un mismo juego.

Cierto: los americanistas dirán que a ellos les ocurrió lo mismo y sin embargo vencieron a un equipo mejor estructurado que el Puebla, como lo es Lobos BUAP, pero las Águilas de Miguel Herrera son capítulo aparte.

3.- BAJA DE JUEGO...

En un acto de desesperación y poca mesura, pero de evidente impacto, Matías Almeyda se sumó, de motu proprio, a la mesa de debate de Futbol Picante por ESPN.

En un acto de expiación, innecesario bajo el riguroso razonamiento de "explicación no pedida, acusación manifiesta", Almeyda reconoció que su equipo no ha podido alcanzar el nivel de futbol del torneo anterior. Ah no, pos brujo, Matías.

Más allá de las desapariciones subrayadas de Orbelín Pineda y Rodolfo Pizarro, habrá que agregar el bajo ritmo de un Ángel Zaldívar pagando aún réditos de su lesión, más los descensos de Michael Pérez y el acertijo de Carlos Cisneros, con el agregado de la inhabilitación y rehabilitación de Alan Pulido.

Pero, ojo, Chivas no juega mal, aunque sus momentos de futbol, de buen futbol, carecen de constancia y, sobre todo, de contundencia, entendiendo que el Conejito Brizuela aún no rasura mentalmente la lesión por el pisotón de Rubens Sambueza, y que La Chofis, pues, La Chofis, sigue siendo más La Chofis que Javier López.

Por eso, desahuciar en la Fecha 5 al Guadalajara, parecería precipitado, claro está, a menos que tenga razón Matías Almeyda y a alguien le siga supurando el título del Guadalajara, y los árbitros sigan queriendo cobrar en abonos, las supremas pifia de Santander.

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