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¿Silenciarán grito homofóbico a base de castigos?
PHOENIX -- La FMF y la Liga MX advierten que tomarán medidas drásticas para frenar el racismo, la discriminación y la homofobia en los estadios de México. Y le castañean de miedo los dientes al chimuelo.   Un reglamento minucioso, hasta repetitivo en la especificación de las posibles violaciones, regirá los próximos torneos mexicanos. La madrastra agita la chancla en el rostro del mocoso rebelde y burlón.   Amenazan con suspender los juegos si el grito, que se debate en adopción reticente entre el folklore y la homofobia, reaparece en la tribuna. ¡Eeeeeeeh...! ¿Eh?   Ayúdeme. Cierre los ojos. Imagínese un Clásico América contra Chivas. El Estadio Azteca a reventar, bufando, en la hipertensión del odio deportivo. Y aparece ese alarido que los grupos que pugnan por la diversidad de género no consideran ofensivo.   Y entonces, apegado a reglamento, en medio de esa riña ancestral entre dos equipos insignia de la competitividad en México, el árbitro decide parar el juego y advertir por el sonido local. Los gritos, por supuesto, arrecian. Y decide suspender el juego. Se acabó. C'est fini.   ¿Se darán cuenta Decio de María y su alfil Enrique Bonilla de la batahola que se desataría en las tribunas y fuera del estadio? Estarían convocando a la barbarie.   ¿Y percibirán el escenario de policías incapaces, torpes, superados en número de manera alarmante, para tratar de frenar a una afición que, con la irracionalidad de la turba, se siente ofendida, robada, provocada, burlada? Decio, el maestro del caos.   ¿Y se imagina usted cuando el juego se suspenda, y la transmisión del partido se interrumpa, y las decenas de patrocinadores se lancen, no sobre Decio, no sobre Bonilla, sino sobre la Oficina Oval de Televisa? Los plutócratas no se entretienen en pelagatos, sino van ante su jefecito.   ¿Y se imagina un escenario idéntico en una Final del torneo mexicano? ¿Creen Decio y Bonilla que encontrarán solidaridad, respaldo, apoyo, apego, respeto por parte de los propietarios de los equipos, los entrenadores mismos, y por supuesto los jugadores, especialmente cuando los torneos ahora hasta se juegan el desenlace en Navidad? Fuenteovejuna, Comendador, Fuenteovejuna.   Y hay muchos otros escenarios posibles. Lleve esta fantasía, con los ojos cerrados, por ejemplo, a un Atlas contra Chivas, o a un Monterrey ante Tigres, al que acuden apenas tres mil policías. Un montaje del sálvese quien pueda.   ¿Y quién garantizará la seguridad de los árbitros para salir del estadio sin quedar expuestos a que una horda los encuentre culpables a ellos por obedecer órdenes? Serán la carne de cañón en ese desamparo.   O peor aún, imagínese un estadio de la Liga de Ascenso, en la que hay más cubeteros que policías, ¿alguien cree que el silbante va a atreverse a poner en riesgo su vida suspendiendo el encuentro? En guerra anunciada, no hay soldado muerto.   ¿De verdad se atreverían la FMF y la Liga MX a quitarle puntos a los clubes por ese mismo grito, a sabiendas de que se ha confirmado la incapacidad, la impotencia y hasta el desinterés de los equipos, por concientizar a su afición? La hipocresía empieza en los escritorios, no en la tribuna.   Y lo más grave: con esta medida, la FMF y la Liga MX, hijas ambas del terrorismo de la estulticia y la corrupción, han hecho oficial ante la FIFA que ese alarido del "eeeeeeehhhh..." ha dejado de ser una manifestación meramente folklórica, inofensiva, sana, anecdótica, costumbrista, simpaticona, para ser oficialmente declarada por Decio y Bonilla, como un sentimiento discriminatorio y homofóbico. La estupidez es la primera causa de suicidio.   La FMF se ha atado las manos. Ya no tiene excusas ni argumentos para explicarle a la FIFA que es un grito de pachanga, de humor mexicano, de cotorreo, sino que lo ha cotizado, lo ha encasillado, lo ha categorizado, como un delito que incluso puede llevarse, como manifestación de odio, según Decio y Bonilla, a instancias legales. ¿Quién cerrará la puerta del presidio?   Seguramente, están pensando ambos dirigentes que pueden dar atole con el dedo a los crédulos, inocentones y pizpiretos de FIFA, que se pueden tragar semejante embuste. Cuando el tonto cree que el tonto es el otro.   Se viene el partido eliminatorio México contra Panamá. Es un momento perfecto, entonces  para aplicar con todo el rigor estas medidas. Si hay grito en la tribuna, que lo suspenda el árbitro y que México pierda los tres puntos. No, Decio y Bonilla son machitos, pero no hombrecitos.   Porque, si hay esa osadía extrema de creer que con un régimen castrista y castrante es la manera de contener ese alarido, la mejor decisión es aplicarlo de manera inmediata y a rajatabla.   ¿Verdad que no? ¿Verdad que no hay cultura de rigor, de honestidad, de respeto, de credibilidad, de autoridad en el futbol mexicano?   Y replanteamos la dramática encrucijada: ¿con qué autoridad moral se pueden atrever Decio y Bonilla a imponer estas medidas, cuando tienen tantos esqueletos podridos en el armario?
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México, Fútbol

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PHOENIX -- Tal vez la arranqué de la vida de un calendario agonizante. O saltó del vientre de una galletita china. "Las estadísticas no mienten, pero los mentirosos también usan estadísticas".   Hoy, a Juan Carlos Osorio lo sostienen sus estadísticas en el Hexagonal Final de Concacaf. Oxígeno puro de la región más impura futbolísticamente del mundo FIFA.   Y claro, lo cuestionan sus saldos rojos en torneos relevantes: Copa América Centenario y Copa Confederaciones. Se quiso vestir de ajeno y quedó desnudo.   Escoltado, blindado por esas estadísticas preñadas de conformismo, confrontará el examen este jueves ante Honduras. Al Rey Tuerto del Hexagonal, le arrojan el festín, presuntamente, de otro de los ciegos del área.   Cuando Osorio fue presentado, Decio de María juramentó que lo habían elegido para que "nos lleve más allá incluso del Quinto Partido", sí, así, con mayúsculas, como todos esos sitios que sólo existen en el vecindario de las utopías.   Ahora el mismo Decio reculó. "Su misión está cumplida, clasificar al Mundial", se culipandeó el presidente de la FMF. Reprobado en aritmética, seguramente, olvidó que aún necesita dos puntos más, para regresar a Rusia.   Pero, lamentable es el contraste. En dos años, transitó de la soberbia al miedo. Cuando se presentó a Osorio se le exigió la proeza de llegar al mundo de Peter Pan: el de Nunca Jamás. Hoy, como cómico de vodevil, Decio retrocede: "lo que caiga es bueno". Sin el frac hurtado, vuelve a ser un triste limosnero.   Dijo Bernard Shaw que "la estadística es una ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno". Así la inexactitud de la conkakafkiana tabla de posiciones de una región que es el hoyo negro de la galaxia futbolística, según la misma FIFA.   En el mundo del revés del futbol mexicano, hay otras estadísticas, pero ajenas, totalmente, al futbol mismo. Y esas juegan en una cancha perversa y nociva para Juan Carlos Osorio.   Comensales en la lujosa cena de gala posterior a la entrega de los Balones de Oro reportan preocupación por las cifras que, al estilo del mismo Osorio, los directivos del futbol mexicano anotan en sus libretas de contabilidad con tinta roja. Con tinta negra firman los cheques de muchos, entre ellos, el del mismo Osorio.   Detallan anfitriones e invitados un hecho: que hay preocupación entre patrocinadores del Tri. Una camiseta devaluada es la peor marquesina para anunciar el producto. Recordemos, este ciclo mundialista envuelve cerca de 650 millones de dólares de ingresos.   Entre brindis y brindis, y canapés (dicen que el carpaccio mixto estaba espectacular) de esa fiesta futbolera, algunos directivos inquietos se dedicaron a cabildear.   Entre el sazonado menú, saltó la desazón por el desazonado momento financiero.   Y todo va desde la inquietud en la baja de venta de camisetas, hasta el descenso en los ratings de televisión en esta Copa Oro.  "Están por debajo de las transmisiones de algunos partidos de la Copa Mx". Convoca más un atropellado que el Tri atropellando en Concacaf.   De hecho, todo se originó en una reunión de dueños que tuvo lugar el sábado antes de la ceremonia de premiación. En ese aquelarre de directivos, dos llevaron la voz cantante: José Luis Higuera y Jesús Martínez. "¿Y si perdemos con Honduras?".   Enrique Bonilla, presidente de la Liga MX, escuchaba y asentía, lo que sin duda es lo único que le sale sin faltas de ortografía en su vida dentro del futbol mexicano. Seguro sus notas para Decio de María eran en color rojo.   Cuando en Río de Janeiro, en la Casa Adidas, un día antes de la Final del Mundial Brasil 2014, se renovó contrato por ocho años y más de 80 millones de dólares, Justino Compeán, aún presidente de la FMF, dijo que "renovar (contrato con Adidas) es parte del compromiso para el próximo Mundial y para ello hemos renovado también a Miguel Herrera".   Hoy, Adidas sigue con el Tri, aunque sin la euforia de otras épicas épocas de ventas de camisetas de México, y 'El Piojo' se fue. ¿Y la promesa?   Llegar al Quinto Partido (así, con mayúsculas, como todas las fábulas inconclusas), implica un incremento del 20 por ciento en el contrato... o cambiarse a la ansiosa y seductora oferta de Nike.   Más allá de las desquiciantes y enfermizas rotaciones, en un técnico que ha dicho que "la repetición hace la perfección", y más allá de que el equipo no emociona, no cautiva, no arrastra, y que suma dos fracasos en torneos trascendentes, más allá de eso, sería aberrante, pero normal en el futbol mexicano, que la continuidad de Osorio no la determinaran sus números conkakafkianamente futbolísticos en negro, sino los números financieros en rojo, que más preocupan a los propietarios.   Por eso, la pregunta en esa reunión de dueños, previa a la entrega de premios, y ese cabildeo rinconero en la fiesta posterior, no tiene ninguna pretensión o preocupación de desarrollo futbolístico, sino de contrataque a un eventual colapso financiero. "¿Y si perdemos con Honduras?".   Ya no se trata de la cancha, sino de la chancha.

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SAN ANTONIO -- Los agravantes ahí quedan, brutalmente silenciosas: rotaciones, altibajos, sin estilo definido, fracaso en dos torneos relevantes (Copa América Centenario y Copa Confederaciones), anodino, etcétera, pero, el tipo trabaja. Sin duda, trabaja.

Sábado 7:15 a.m. San Antonio ya transpira. Silenciosa, pulcra, con la modorra sabatina de los 80 grados Farenheit en el momento, la Universidad Trinity aguarda a la troupé de la Selección Mexicana.

Esta, la del domingo, en el Alamodome, será la última parada en fase de grupos. Destinos aún ocultos.

Primero la avanzada. Una camioneta. Los utileros comienzan la dura faena, con uno de los encargados de seguridad del Tri. Para entonces una decena de medios ya montó sus maniquís de tres patas con multigigas de memoria para grabar escenas.

Los camarógrafos recrean en su imaginación una escenografía de Copa del Mundo. Mientras reporteros y productores discuten el menú del desayuno. A ganarse el pan con el sudor de frentes ajenas.

Rápidamente, los utileros trasladan el equipaje con zapatos, bebidas, casacas, balones desde la vereda a la cancha de juego. Transpiran, pero no emiten sonidos de queja. Sólo indicaciones. Los artistas del orden y los pequeños detalles. La logística perfecta.

Minutos después llega la Selección Mexicana. Descienden en silencio. Inusual el horario, especialmente para futbolistas que no duermen, sino que hibernan, como un reclamo del organismo. Alguno incluso se quita el rezago pegajoso de los ojos, esa lagaña necia.

Mientras los jugadores se mueven, un hombre se aleja del grupo. La cachucha le cubre el rostro con esa barba tan desordenada como a veces se manifiesta su equipo en la cancha. Pasos rápidos, con los conos naranjas en las manos.

Colombiano al fin y al cabo, preocupado por las formas y la educación, muestra su gesto natural, que contrasta con aquellas actitudes ante Nueva Zelanda y Portugal: caballerosamente se acerca al personal de la Universidad Trinity. Saluda y agradece.

Y vuelve a sus quehaceres, esos, que otros técnicos delegan a sus auxiliares. Pero él lleva aún el ADN del que comenzó como preparador físico. Él sabe lo que quiere. Pone sus reglas.

Acomoda la primera pirámide de plástico en el césped. Minuciosamente cuenta los pasos antes de depositar el siguiente cono sobre el pasto. Y de nuevo, cuenta, y se agacha. Marca las fronteras del peloteo, mientras los porteros ya trabajan aparte y el resto juega al torito.

Después de montar su corredor imaginario, al colocar más de media decena de señalamientos, se inclina, como si fuera un ingeniero, y con un teodolito imaginario observa que el trazado del espacio fuera perfecto. Parecería que quisiera irrumpir con una carretera entre el silenciosamente sagrado recinto cultural y educativo.

Pone los brazos en jarras, asiente y regresa al grupo de los jugadores. Los camarógrafos no pierden detalle. Productores y reporteros siguen eligiendo el menú del desayuno, con harto café, claro.

Define equipos. Unos con casaca naranja y otros con la camiseta verde. Interesante. ¿Fraga, Chaka, Pereyra, Marín y Reyes, con Álvarez delante de ellos?

Para entonces, los reporteros se olvidan de los chilaquiles y el menudo, y empiezan a especular. ¿Dueñas, Orbelín y el Burrito? ¿Pizarro seguirá perdido donde no sabe, o no quiere o no puede jugar? Él saca sus piezas de la bodega. El simulacro de partida comienza.

"Pueden quedarse a ver esta parte del entrenamiento", grita él al jefe de prensa del Tri, Israel Márquez, quien asiente. Se iluminan los ojos de los representantes de una decena de medios.

El preparador físico Jorge Ríos se olvida de la innata caballerosidad del colombiano e increpa: "¡Eeeeh! ¿Quién les permitió grabar esto, el Profe?". Le explican que sí. Refunfuña. Se entera Ríos que tiene un bastón de mando... sin el mando.

Los camarógrafos persiguen el balón y los jugadores. Los reporteros hacen apuestas. Tahúres fallidos, seguramente. En todos los años de técnico, nadie, a este entrenador, le ha acertado una formación antes de un partido.

Raciocinio, estudio, características del rival, pálpitos, sueños, pesadillas y hasta un gesto del jugador saliendo del elevador, y tal vez hasta el horóscopo, pueden determinar de último momento el armado del equipo. Rotaciones.

En una franja angosta en media cancha, se amontona la veintena de jugadores. Dirige cada detalle. Entrega la pelota a los verdes y empiezan a circular la más codiciada gordita del mundo.

Intensifica la trayectoria caprichosa del balón. Batalla entre los guardaespaldas de la pelota y los acosadores de ella.

"Vaya, entregue rápido", grita lo más cerca que puede del que titubeó más de un segundo. En esa eternidad de un segundo, aparece un chileno o un alemán, y ¡kaput!.

"Vamos, cambien de lado, ya jugaron mucho por ahí, dele la vuelta", exige mientras enfila su cuerpo hacia la banda derecha.

Cuenta entonces él del uno al cuatro. "Vayan naranjas, vayan casacas, recuperen ese balón, presionen", y los invocados muerden a los verdes, quienes se apresuran a poner a salvo a la doncella de piel.

Da una pausa, y reanuda. "Acérquese, ayude, y usted entregue rápido", y eventualmente recomienda al domicilio móvil: "Allá a...", en dinámica de movimientos cortos en esa franja delineada por los conos.

Los gritos son constantes. Se acerca, gesticula, se inclina, se acuclilla, exige rapidez, se desespera, manotea, se contiene...

La invitación a la solemnidad matutina y sabatina de la Universidad de Trinity, era por quince minutos. Se tardaban más los camarógrafos en montar sus vigías ópticos que en ser echados, y además, no alcanzaba el tiempo para decidir el desayuno en ese cónclave entre productores y reporteros.

Porque, más vale perder al Tri que perder una tripa, ¡caray!

Pero esta vez fue distinto, y siempre es útil a los medios escrudiñar más allá de las obviedades del torito, las elongaciones o la pereza del estiramiento de algunos.

Súbitamente tras una seña, la función ha terminado. El telón ha caído, los medios deben salir de la zona de observación. "Muchas gracias (por venir)", dicen sin mucha convicción, los integrantes del equipo de comunicación del Tri.

Los camarógrafos cargan con el registro del día, los fotógrafos con tomas aspirantes a portada, mientras los productores interrogan para saber si se hizo el trabajo que ellos querían, pero nunca pidieron.

¿Los reporteros? Salen con más dudas sobre la alineación de México ante Curazao que para el menú inmediato del desayuno. Lo que sea, pero, con harto chile.

Él, sí, Juan Carlos Osorio, empieza a dar indicaciones, retoma casacas, arma otras parejas en el baile de su laboratorio. La temperatura va subiendo en San Antonio.

Sí, más allá de todas las agravantes con las que carga su equipo, incluyendo un sabor amargo en esta Copa Oro, Juan Carlos Osorio trabaja, sin duda, pero, como ya se sabe, en esa frase inmortal del inmortal Carlos Miloc: "El técnico es hijo de los resultados", y no necesariamente de aquellos de la Copa Oro o de las eliminatorias mundialistas.

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DENVER -- Amoral de nacimiento, inmoral de oficio, aparece una FIFA moralista.

Engendro de pecados y pecadores, engendradora de pecadores y pecados, la FIFA emerge, ahora, como una precursora de la beatitud en las tribunas del futbol mundial. El diablo se da baños de pureza.

Por decenios, Cueva de Alí Babá y los 140 -sí, 140-- ladrones, la FIFA nació, creció y se multiplicó como una de las empresas en la clandestinidad perfecta del crimen, y con el mayor poder universal e insaciable en riqueza y contubernio.

Sin embargo, Atila y los Hunos de Zurich, ahora pretenden reivindicarse, ahora pretenden lavar su cara más preocupados por las voces incestuosas de la tribuna, antes que por los hechos genuinamente reivindicadores en cancha. Asesinemos, pero con puñales esterilizados.

Hoy la FIFA persigue los gritos, los alaridos, las provocaciones, los insultos inocuos, los acosos inofensivos, mientras las octópodas mafias de apostadores, el amaño de partidos, el abuso de futbolistas, el dopaje, los promotores, el tráfico de futbolistas menores, siguen enquistados en los rincones oscuros de su conciencia y de las canchas de futbol.

Hoy, la FIFA se pinta las uñas no por pulcritud, ni coquetería, sino para ocultar la mugre acumulada. La empresa que alguna vez fue el epítome de la criminalidad lucrando del futbol, ahora pretende ser la Madre Teresa de la ética deportiva. Más papista que el Papa.

¿Alguien puede creer que la FIFA ha cambiado cuando no ha cambiado siquiera los nombres de quienes sabían, porque sabían, lo que ocurría bajo el circo ilimitado de tropelías de Joseph Blatter?

Y FIFA persigue a México. No a su futbol, no a las violaciones flagrantes que perpetra la FMF (Multipropiedad, Pacto de Caballeros, Tianguis de Futbolistas, etc...), sino estrictamente a la manifestación de sus aficionados. Toleran al gánster, pero le lavan la boca con lejía...

Y estos apóstoles oscuros de la doble moral en FIFA, como genuinos sepulcros blanqueados, debían enterarse de algunos detalles sobre ese grito que cae en cascada desde la tribuna, y que moralista y santurronamente hipócrita, decidió tildarlo de homofóbico...

1.- Algunos grupos activistas pro defensa de los derechos de la comunidad gay en México e internacionales han testimoniado que no se sienten ni aludidos, ni castigados, ni insultados, ni reprimidos, ni segregados por ese alarido contra el portero adversario...

2.- Miembros de esos grupos activistas de tenaz lucha, aseguran que van a los estadios y no les incomoda sumarse al coro, porque entienden que en México, para los mexicanos, no hay una obsesión homofóbica, sino folklórica...

3.- Y debe saber FIFA que el mexicano no embiste a un género, sino a la crisis social, económica y de justicia en la que vive. Un fenómeno de compensación...

4.- El grito que se germina en la tribuna, no embiste al arquero adversario, sino, lo dicen ellos mismos, viaja hasta a Los Pinos, habite quien habite ahí...

5.- FIFA debe entender que el estallido en cada despeje del guardameta no tiene ninguna pretensión de mancillar su personalidad, sino es, eventualmente, una circunstancia de catarsis, de desahogo, de emancipación, de redención hacia la opresión como el pan suyo de cada día...

6.- FIFA podría, si quisiera entender, que a cada tipo en la tribuna que saca lumbre de los pulmones, le importa un cacahuate la elección sexual del arquero y su vida privada, sino simple y llanamente pretende, burda y vulgarmente, tratar de desconcertar al adversario, y agregar una coreografía, perfectamente cómica al entarimado de la diversión...

7.- FIFA debería entender que esos, los peregrinos inofensivos de la tribuna, no ensucian el futbol, como todos los antecesores de sus escritorios en Suiza, con licencias cínicas en puestos corrupción, malbaratando favores y sedes mundialistas, a cambio de fiestas, obsequios millonarios y mujeres de la vida galante...

8.- Y en un careo con el espejo de su propia ralea putrefacta, FIFA comprendería si quisiera, que ella, precisamente ella, es la que más le ha hurtado, la que más le ha robado, la que más ha despojado en su historia, ella, precisamente, al futbol mismo, que el bufido procaz, censurable, poco ejemplar, pero inocuo de los aficionados...

9.- Y FIFA entendería que habiendo tenido las manos emplastadas de crímenes, ensangrentadas, pretende, ahora, culpar del muerto al dentista simplemente porque no le curó una caries.

Cierto que el grito, en sí, es de mal gusto. ¿Cuántos de quienes lo emiten lo usan en la mesa familiar o en la charla afectuosa con sus hijos?

Cierto que en una cultura como la mexicana, llena de chispa, de picardía, de gozo alburero, de una intelectualidad dicharachera, debería de ser capaz de encontrar una manera más creativa de vilipendiar al contrario o de engrandecer a sus propios jugadores.

Cierto que la misma FMF se equivoca. Le preocupa ese daño colateral que provocará la afición de su selección nacional, pero, hipócritamente no se atreve a combatir ese grito de raíz en sus propios estadios. La meretriz se viste de mona...

Cierto que la FMF es el principal cómplice, porque en ese ejercicio de la doble moral, comienza campañas timoratas, blandengues, inconclusas, en las que hace como que quiere poner fin a ese grito, cuando, si se lo propusiera, podría encontrar verdaderas soluciones y no jugar al Judas de sus propios miedos.

Pero más allá de que el pasado, el presente y el futuro impune de la FMF confirman que es un fiel reflejo de la feligresía universal de FIFA, la afición no es parte de ese hampa impune e inmune.

El grito de acuñación mexicana desaparecerá en su momento de la tribuna. De eso puede estar segura la FIFA.

Ese rugido desaparecerá exactamente un día después de que en esa afanosa búsqueda de justicia de los castos y puros dirigentes de FIFA, ellos mismos pongan en el banquillo de los acusados a Havelange (RIP), a Blatter, a Platini, a Valcke... y a uno que otro desentendido de la Concacaf.

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SAN DIEGO -- Hay que haber cubierto muchas conferencias de prensa de Juan Carlos Osorio, para poder interpretarlo. Al menos haber estado presente en la mayoría de sus comparecencias ante los medios. Yo lo he hecho.

Este Osorio del sábado por la noche en San Diego estaba contrariado, cabreado, molesto. No cargó con sus numerosas carpetas de apuntes, ni jugueteó con sus lentes, ni pretendió estudiar mientras el jugador a su lado, en este caso Hugo Ayala respondía. Y no sonrió ni una sola vez.

Hubo dos momentos determinantes en ese acto que se suponía sería de contrición pública. E instantes respetables además. Muestran al Osorio, ese que no es bonachón, ese que coaliciona inteligencia y carácter.

Sí, ese mismo que debe evitar los detalles sentimentalistas y paternalistas del fondo humanitario y auténtico de sus rotaciones. Entre otras situaciones, claro.

1.- SOBRE SU SEGREGACIÓN...

Osorio no se disculpó con el cuerpo arbitral, y ni siquiera hizo referencia a FIFA. Desafía a sus verdugos, desde la visión resignada de sentirse inocente.

Y es un reflejo magistral de que sigue pensando que hizo lo incorrecto, pero en el momento correcto; que se equivocó, pero como reacción a equivocaciones flagrantes. Parte del principio legaloide de que dos injusticias no sufragan una justicia.

Y que además, sigue aferrado a que defendió a su equipo con desesperación ofuscada ante la ofuscante desesperación de un arbitraje sospechosamente erróneo. El VAR pudo haber cambiado el destino con el penalti sobre Héctor Moreno.

Osorio, pues, aunque dice que "trataré de no volver a hacerlo", deja el mensaje de que está dispuesto a hacerlo de nuevo si, a su juicio, equivocado tal vez, es necesario hacerlo de nuevo. Peculiar eso: confrontó la sentencia, sin agachar la cabeza.

Ya habíamos advertido que esto ocurriría: el VAR, un juguete justiciero en manos torpes, termina siendo una herramienta de injusticia.

2.- SOBRE SU FUTURO...

En la conferencia de prensa estuvo Decio de María, tal vez más enviado por el Salón Oval de Televisa, que por su propio gusto.

Cuando el técnico de la selección mexicana tuvo que hablar de la clara posibilidad de que sea sancionado por la FMF, y cuando dijo que escuchó al presidente de ese organismo, y aceptó su opinión, envía otro mensaje muy claro: que asimila su juicio, pero, ni remotamente significa que lo comparte y lo acepta.

Las tres veces que se refirió a Decio o a la FMF, Osorio sólo volteó a ver a su interlocutor de los medios, pero jamás se preocupó por ver al dirigente. De hecho, visualmente, lo ignoró toda la noche, y en un detalle curioso, espero, lentamente en el estrado, a que Decio abandonara ese sitio de hacinamiento inhabitable que es la sala de conferencias del Qalcomm Stadium, para entonces salir él del espacio. Así, Osorio actuó como en su homilía de arranque del acto: sin disculparse con Decio, ni con la FMF, y, claramente, manteniendo, por capricho, convicción o desacato, su postura de incompatibilidad con el discurso confidencial de horas antes con su jefe supremo.

Y si Decio llegó con ese rostro tan particularmente festivo, como el de un pitbull constipado, abandonó la conferencia de prensa aún más molesto. Osorio, públicamente, no permitió que le pusieran el yugo en el pescuezo.

Ojo: lejos de justificar la postura de Osorio, que implica, según FIFA, "una actitud violenta y agresiva" y aderezada con insultos, lo cierto es que el técnico colombiano vuelve a mostrar el temperamento que debería cambiar por rigor en el manejo de la selección mexicana.

Osorio se equivocó. Es el primero, pero no será el último entrenador al que la volatibilidad y volubilidad de los tipos que administran el uso del VAR, caprichosos y tendenciosos, provoquen este tipo de exabruptos.

Es necesario aclarar una mentira de la FMF. Decio dice que deberá esperar a que reciban detalladamente toda la documentación de la sanción a Osorio, incluyendo la cédula arbitral, para valorar si hay una apelación.

La verdad es que la FMF tiene ya en su poder todos los documentos. Por procedimiento, FIFA avisó antes a la organización del castigo que a los medios.

Gente que tuvo acceso al reporte de FIFA sobre la cédula arbitral nos explica que aparece detalladamente relatado cada insulto y acusación que le musitó Osorio al oído al cuerpo arbitral.

Por otro lado, gente allegada al Tri, me explicaba este sábado que Decio dejó una emboscada ante Osorio. Le advirtió que su sanción seguramente la dará a conocer hasta después de que termine la participación del Tri en la Copa Oro.

"Para que trabaje tranquilo", le habría dicho Decio. ¿Alguien puede trabajar tranquilo cuando le tiran la trampa de que su futuro depende de un torneo como la Copa Oro?

Y dos precisiones para cerrar este texto.

1.- No he cambiado absolutamente en nada mi percepción sobre el trabajo, los méritos y las deficiencias de Osorio, pero, más allá de sus eventuales dislates manejando al Tri, es el primer técnico que desafía abiertamente al dueño del desinflado balón del futbol mexicano. Para bien o para mal.

2.- Y la otra, la debe recordar mejor que nadie el mismo Juan Carlos Osorio, en una de las primeras charlas en corto con él. "Profe, ¿sabe usted verdaderamente dónde se vino a meter, cómo se maneja la Federación y lo especial que es el jugador mexicano?". Recuerdo su sonriente respuesta: "No debe ser muy diferente de Colombia".

Habrá, espero, oportunidad de preguntarle lo mismo nuevamente.

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LOS ÁNGELES -- Era inevitable en ese día de junio de 2013, recrear una vieja y obscena imagen. Esa estampa del mismo sujeto con impecable traje, pero, en aquel entonces contrariado y con la melena desordenada, sacudiendo el dedo mayor y profiriendo insultos a la tribuna de Estados Unidos en Columbus. Rabia pura.

Esa postal del mismo personaje que ese día presentaba ante La Famiglia del futbol mexicano el Código de Ética, ese que sería impuesto sin concesiones, sin miramientos, en un acto de justicia absoluta.

Con ese mismo dedo impune e impugnador, Decio de María, volteaba las páginas de su constitución de derechos y deberes disciplinarios del futbol mexicano. La Iglesia estaba en manos de Lutero.

Decio de María OsorioGetty Images

Más allá de que hemos visto cómo ese Código de Ética es violado y violentado, por el mismo engendrador, en casos similares, hoy mismo es víctima de la falacia de su anuncio.

En un recorrido engañoso, exhibiendo sus debilidades y temores, para castigar a clubes como Veracruz, Monterrey y Tigres, por desacatos de sus aficiones, o recular ante tipos como los López Chargoy o Fidel Kuri, nuevamente Decio de María se ahoga en la desesperación por violar el que promulgó como inviolable Código de Ética.

Cuando un año antes de su presentación, en julio de 2012 enaltecía el aún en embrión Código de Ética, el entonces jefe de Decio, y hoy su mandamás en la sombra, Justino Compeán, aseguraba que este reglamento "será el eje rector de todo este cambio que tanto dueños, propietarios, presidentes, directores técnicos, jugadores y la gente que trabajamos en comisiones cumplamos con él".

Y advirtió que "el futbol es muy pasional, pero hay que saber controlarnos, ser prudentes. A mí me dicen el cerillo porque me prendo muy rápido y tengo que aprender a ser prudente y paciente, y todos", explicaba, el quien entonces se etiquetó a sí mismo como El Fósforo Compeán.

Cuando el lamentable, bochornoso y deplorable exabrupto de Miguel Herrera, jaloneando e insultando a Martinolli en el aeropuerto de Filadelfia, llevó al banquillo de acusados a El Piojo, y aunque primero le prometió un escarmiento, al final, por presiones de TV Azteca, le cortó la cabeza.

Nadie levantó la mano para defender a Herrera. Tenía todos los agravantes en contra: premeditación, alevosía y ventaja. Además, lo penoso era que salía festivo de haber ganado la Copa Oro, esa misma que el arbitraje de Concacaf le rescató en Cuartos de Final y Semifinal con atrocidades de los jueces, aunque, ante Jamaica, el Tri dio su único partido de gran calidad en el certamen.

Una semana, sí, hasta una semana después del segundo zafarrancho de Juan Carlos Osorio en la Copa Confederaciones, Decio es enviado a entrevistarse con su técnico.

Cuando El Piojo protagoniza ese reprobable incidente, Decio de María lo echó apenas 48 horas después de que se suscitó el conato de bronca en el aeropuerto. Sí, en sólo 48 horas. Esa vez hubo una reacción expedita, vertiginosa, implacable.

Ahora, insisto, una semana después, Decio apenas se apersona ante Osorio para charlar con él. Y se enciende entonces la simpática metáfora del cerillo de Compeán.

Osorio molesto contra Nueva Zelanda
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En impacto hacia el futbol mexicano, ¿qué ha sido más lamentable y bochornoso, la agresión de Herrera o la explosividad de Osorio ante el cuerpo técnico de Nueva Zelanda y ante el cuerpo arbitral frente a Portugal?

Sin duda ambas son igual de graves. Una ocurrió en un incidente entre civiles, por agresiones incluso familiares en redes sociales, aunque, obvio, Herrera aún estaba dentro de la delegación del Tri.

Y la otra ocurre con todas las investiduras de la selección nacional, en plena competencia, en el segundo torneo intercontinental de selecciones más importante del mundo.

Más allá de que ninguno de los entrenadores es inocente, sí es lamentable la demostración patética de doble moral por parte de Decio de María, y la vulnerabilidad lastimosa y lastimera del tan mentado Código de Ética.

Pero, qué puede esperarse del mismo sujeto que insultó a la tribuna de EEUU y nunca fue castigado, para luego ser ungido como el supuesto Rey Salomón de la FMF con todos y su Código de Ética. El coyote cuidando al gallinero.

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LOS ÁNGELES -- Cuesta arriba, con las cruces de la Copa Confederaciones a cuestas, México arranca este domingo la Copa Oro. El Salvador lo pondrá a prueba.

En un escenario que ha sido el teatro referencial de grandes victorias para el Tri, como el Qualcomm Stadium, súbitamente se convierte en el tribunal para un seleccionado emergente y un seleccionador bajo urgencias, como es Juan Carlos Osorio.

Despedazada la quimera de trascender en la Copa Confederaciones, y con un castigo de seis partidos por su lenguaje procaz y "actitud violenta", Osorio carga con la ineludible responsabilidad de consolidar en la Copa Oro el actual membrete que le ha conquistado a su equipo en el Hexagonal Final de la CONCACAF como amo y señor de estas tierras.

Además de la sensible baja de Alan Pulido por fractura en el húmero, el número de goles de los atacantes disponibles para Osorio, como Martín Barragán, Ángel Sepúlveda y el emergente Cubo Torres, no parece el jarabe curativo para una selección que adolece, históricamente, de la carencia explosiva del gol.

Luego de dos partidos de preparación ante Ghana y Paraguay, bajo el mando de Luis Pompilio Páez, esta selección mexicana llega con suficiente tiempo de inmersión en las pretensiones tácticas, más allá del inevitable recurso de las rotaciones.

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Marginado Osorio de la banca durante esta Copa Oro, el cuerpo técnico ha trabajado para consumar la idea futbolística de un proceso que necesita, por credibilidad universal cosechar trofeos, más allá de enseñorearse en la trasiega premundialista del Hexagonal Final.

En el papel, en la revisión del funcionamiento de sus jugadores en sus respectivos equipos, sin duda el Tri cuenta con la mejor media cancha del torneo, con jugadores capaces de darle solidez, transición, idea y habilidades físicas y futbolísticas para merodear ambas áreas.

A partir de ahí, de esa capacidad para montar un equipo competitivo desde los cimientos de media cancha, la selección mexicana pretenderá dominar la fase de grupos, luego de un sorteo benevolente por parte de la Concacaf, no sólo en los adversarios, sino en el trazo geográfico, ya que contará con la comodidad de traslados cortos y específicamente en plazas donde hay dominante población mexicana.

Con argumentos tales como esos pistones en el amplio territorio del medio terreno, como Dueñas, Orbelín, Pizarro y Burrito Hernández, y la seguridad confortable de peregrinar como local en San Diego, Denver, San Antonio, y de ser posible, Phoenix (Glendale), Los Ángeles (Pasadena) y San José (Santa Clara), el horizonte bendice su futuro en medio de un marco de contingencia absoluta.

En medio de ese escenario de ganar o ganar, especialmente por la salud del proyecto con Osorio, el adversario inmediato está muy lejos de ser una víctima resignada, más allá del indiscutible dominio histórico que mantiene el Tri sobre El Salvador.

Mexsport

Pero el técnico de El Pulgarcito de América, Eduardo Lara, también se sabe el cuento de Gulliver, y tiene fe en el agigantamiento de sus jugadores ante México, a sabiendas, claro, de que la presión se acentúa sobre el grupo tricolor, por los resultados de la Confederaciones y la condena semi patibularia impuesta a su entrenador.

"Más que por México, me tengo que concentrar en los problemas de El Salvador, porque tenemos demasiados problemas también. México siempre será de mucho respeto y de grandes quilates. Ya será tema de Juan Carlos (Osorio) saber cómo solucionan sus problemas, pero indudablemente que es buen equipo, buena selección, con jugadores de gran palmarés, y esperar que salga un lindo partido", dijo el también técnico colombiano Eduardo Lara.

De colega a colega, de entrenador a entrenador, Lara habló del castigo a Osorio. "Uno como técnico siempre quiere estar en la raya, con su grupo, pero a veces hay cosas que no aguantamos, que explotamos y decimos cosas, y tenemos que pagar por ellas. Y es reflejo de lo que viene cargando, de lo que uno viene soportando".

Sin dispararse la venta de boletos como en otras épocas, cuando se anunciaba el lleno desde días antes, el reporte de este sábado era de 50 mil boletos vendidos, aunque la experiencia muestra claramente que los aficionados salvadoreños y mexicanos son adictos a la compra de entradas de último momento.

En el juego preliminar, Curazao, aparente león dormido de este grupo, enfrentará a Jamaica, que no se ha recuperado del extraordinario papel en la anterior edición de la Copa Oro.

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SAN DIEGO -- En lugar de andar buscando frases capciosas dentro de las deliciosas galletitas chinas, para inscribirlas en camisetas, Juan Carlos Osorio debió darle una hojeadita y ojeadita a Séneca.

Escribía el filósofo: "La ira: un ácido que puede hacer más daño al recipiente en la que se almacena que en cualquier cosa sobre la que se vierte".

Con seis juegos en el calabozo de FIFA, negociables seguramente, Osorio encara las consecuencias de sus ofuscaciones. Quedó maltrecho el recipiente.

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Si quedó impune el saludo a las mamás de los pinnípedos con ese #MotherFoca ante Nueva Zelanda, no fue así con el arrimón intimidatorio con epítetos musitados al oído del juez de línea frente a Portugal. Ni Pepe le entraba así a Chicharito en la cancha.

Por lo visto, al saberse impune e inmune ante la justicia tras el desplante ante los Kiwis, pensó que una vez más seguiría a salvo. Ojo, después de ese saludo ecológico a las #MotherFoca, nadie, ni Guillermo Cantú ni Decio de María, le advirtió que era una violación al código de conducta interno de la selección mexicana.

El silencio de ambos directivos y jefes de Osorio fue el banderazo de tolerancia absoluta para el técnico colombiano. "Siga m'ijo", le habrían dicho en Barranquilla.

Aquí, a Decio y a Cantú les hubiera servido revisar a Papini: "La ira es como el fuego; no se puede apagar sino al primer chispazo. Después es tarde". Y con su silencio cómplice no lo apagaron, lo avivaron. Son, pues, cómplices de esta conflagración.

Más allá de los dos arrebatos sofocados de Osorio, ante Nueva Zelanda y Portugal, se agregan agravantes a su gestión administrativa y deportiva de cancha, de futbol.

Cierto que los zalameros bobaliconamente imberbes argumentan que el Tri está a dos puntos de asegurar el pase al Mundial y que eso es elogiable, renegando, así, de la ilusión de todos los mexicanos que es ver, finalmente, el salto al Muro hacia el quinto partido.

Finalmente, sí, finalmente, muchos ya entendieron que México gana partidos con la bendición papal de la chiripa, y que ya se convirtió en un caos castrante el manejo interno del vestuario, con un erosionada vorágine, originado por las rotaciones, los cambios de puesto y de perfiles a los jugadores. Frankenstein se rebela.

Son ya demasiadas las versiones de reporteros cercanos al Tri de la Confederaciones que ratifican que Giovani dos Santos y Carlos Vela habrían amenazado con que van a estar muy, pero muy ocupados si Osorio los invita para las fechas eliminatorias de septiembre y octubre.

Más grave sin duda que los exabruptos del berrinchudo Osorio, es sin duda ese vacío de poder que ha habido en torno a él. Esto ayuda a entender por qué Santiago Baños prefirió ir al Nido del América que la promesa de seguir con un Tri casi mundialista.

Pero, hoy, queda claro que ni Guillermo Cantú ni Decio de María tienen la autoridad moral, deportiva, espiritual ni jerárquica para atreverse con personalidad a dialogar, o incluso reclamar directamente, a Juan Carlos Osorio, por todos los anteriores pecados mencionados antes de este castigo de FIFA.

Ahora con seis partidos de suspensión, que tal vez se reduzcan o tal vez no, se reducen las posibilidades de un escarmiento a Osorio, porque arriba de él no hay nadie con la capacidad para flagelarlo con cuestionamientos, exigencias o algún ultimátum, ya no sólo disciplinariamente, sino en el desarrollo futbolístico de una selección que él prometió llevar a la Final de la Confederaciones y hacerla campeona de la Copa Oro.

Hoy, lejos de ser regañado Osorio, los que deben estar como trepadero de mapaches de lastimados, con urgencias y flagelaciones directas desde el Salón Oval de Televisa, deben ser Decio de María y Guillermo Cantú.

Queda claro que ambos directivos no están cumpliendo con sus obligaciones: vigilar que el Tri juegue mejor y que el entrenador no caiga en exabruptos estrafalarios, demenciales y esquizofrénicos.

Aunque, ojo, tal vez deba agradecerse a Juan Carlos Osorio su manifestación absoluta de personalidad. ¿Doctor Jekyll o Mister Hyde? Tal vez el verdadero Osorio es el que se engendró brutalmente en esas exaltaciones ante Nueva Zelanda y Portugal.

Tal vez todos fuimos engañados. Por eso me alío con esta reflexión del italiano Tommaseo: "La ira ofusca la mente... pero hace transparente el corazón".

Finalmente, ante Nueva Zelanda y Portugal, ¿la ira hizo totalmente transparente y genuino el corazón de Juan Carlos Osorio?

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SAN DIEGO -- Parece ignorar que están en el epicentro de un posible cisma y un posible sismo. El Tri de Copa Oro no refleja el entorno, es clima de linchamiento que los medios hemos -así, en primera persona- generado en torno a este certamen.

Este México de horizonte Conkakafkiano (patentaría alguna vez Guillermo Chao), sabe, o debe saber, que carga una herencia maldita. La camiseta que les han entregado se pudre de ignominia, gracias al deplorable saldo de la Copa Confederaciones.

No es su culpa. Pero sí su huella. De no levantar la Copa Oro quedaría estigmatizada como la generación maldita. Sin deberla ni temerla.

Esto, pese a que no tienen culpa alguna de lo que ocurrió en Rusia: jugadores desconocidos por su bajo rendimiento, aunque algunos en puestos desconocidos para ellos. Un grupo desorientado, sin fe ni guía, a no ser los misterios de una libreta y la prédica del padre español de las bellotas.

Y estos jugadores de la Copa Oro son la carne de cañón de una selección mayor y un técnico que no mejoran, que no evolucionan ni después del aniversario del 7-0.

Además, un grupo que no es equipo y jugadores resentidos que generan dudas: ¿después de ser ninguneado ante Alemania, Carlos Vela querrá regresar al Tri?

Más grave aún: parecería que México retrocedió, reculó, desde el cataclismo de ese 7-0 ante Chile, en una incapacidad moral, espiritual, competitiva y futbolística para sobrevivir, para resucitar, para reinventarse, por parte de los jugadores y el cuerpo técnico. "Polvo eres y en polvo te has de convertir".

En una coalición fatalista de conformismo, abnegación y resignación, hay un sentimiento casi suicida de algunos medios mexicanos, ex futbolistas, ex técnicos y directivos, de esconder la cabeza e inmolarse bajo el "es que no hay pa' más", "es que la realidad de México es la Concacaf", en un himno negro a la pusilanimidad: "pos aquí nacimos, pos aquí nos quedamos".

Bajo esa corriente lastimera de la autoflagelación, para concluir que ni la sabiduría infinita de Juan Carlos Osorio puede hacer funcionar mejor a estos seleccionados mexicanos incluyendo, claro, a esa tan ponderada, vanagloriada, aventurera legión europea, que está capacitada para dar más, aunque la realidad es que ha dado tan poco.

Por eso, en ese clima de calma chicha del Tri Copa Oro, parecería que se mantienen ajenos a la tormenta que los circunda, los rodea, los abruma. Vivir en su propio limbo es un acto de escapismo. Pero, ni los caracoles ni las babosas mueren en su caparazón.

1.- Está obligado a ganar la Copa Oro. Especialmente porque, en esa multitud arrodillada, a México sólo le alcanza para ello.

2.- Sólo ha trabajado bajo el gestor de Osorio, pero, supuestamente Pompi ( Luis Pompilio Páez) debe haber abonado los puntos exquisitos de la "libretica" de Osorio, esa misma que, ojo, aún no descifra la selección mayor después de dos años de discurso o de monserga.

3.- Visto así, entonces, entre derechos y deberes, el Tri Copa Oro está obligado a ganar, gustar y golear, especialmente tras el desfile exitista por vencer a Ghana y a Paraguay en partidos de preparación.

4.- Y, de una u otra manera, sale a escena, según el mismo Osorio, la generación de recambio, la que en su momento volverá prescindibles a los huidizos victimados en la Copa Confederaciones.

5.- Se juegan pues el futuro del técnico, el suyo y el de la supuesta generación de futbolistas que deberá tratar de mantener esa imagen míticamente adulterada, desgastada y ficticia del Gigante de la Concacaf, uno de los títulos nobiliarios más empobrecidos en la corte de la FIFA.

Es cierto, la mejor manera de confrontar la inevitable tormenta es con calma, aunque no sé si con esa aparente pachorra, laxitud y lasitud con que parecen hacerlo.

Claro puede ser que ellos sepan, que sí sepan, que hay un grupo de rescatistas emergentes bajo la administración generosa de la Concacaf: los Aguilar Chicas, los Mark Geiger, los Baldomero Toledo, los Walter López, los Jair Marrufo, y contando...

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LOS ÁNGELES -- La pregunta deberá responderla el mismo Juan Carlos Osorio. Sólo él, tal vez, y sólo tal vez, tiene la respuesta.

Después del 7-0 ante Chile, el entrenador colombiano aseguró que había aprendido la lección, especialmente después de ese retiro espiritual que tuvo por una semana bajo la tutela paciente --e inútil, por lo visto-- de Marcelo Bielsa.

Sí, el Dante futbolístico llevó a su vilipendiado Virgilio en un sendero paliativo, plañidero y consolador del Infierno al Purgatorio. Fútilmente...

Si en un año de arduo trabajo, después del 7-0, Osorio, aunque lo prometió, no fue capaz de mejorar, de evolucionar tras ese resultado, ¿quién puede garantizar que sí lo hará a un año de la Copa del Mundo, a la cual, por cierto aún no clasifica?

Nadie puede garantizarlo. Especialmente en tiempos en los que la Selección Mexicana no tiene cabeza. Hoy, Osorio tiene una dictadura absoluta. Todo procede según él lo exige a Guillermo Cantú, su enlace directo con la FMF.

Tras la renuncia del director deportivo del Tri, cuando Santiago Baños eligió irse al América, la autoridad quedó acéfala. ¿Es mayor reto un club una selección casi mundialista? ¿O es su renuncia el reflejo de una situación interna que ya era incontrolable dentro de la Selección Mexicana?

Lo cierto es que hoy, en su entorno, sin Baños, y con su 'Pompi' (Luis Pompilio Páez) metido en el siguiente calvario, la Copa Oro, sin duda Juan Carlos Osorio debe sentirse perdido. Sin duda una visita a Irak o Irán le sentaría bien, para ver si se "medio orienta".

Desamparado, sin asesores, expuesto al régimen absolutista de su propio desconcierto y dudas, Osorio no encuentra cómo reasumir el control en medio de esta crisis de resultados.

Si en el lapso de un año, tras el 7-0, no encontró un antídoto a sus propias equivocaciones, es evidente que no hay ninguna garantía de que en el año que resta de aquí al Mundial de Rusia, si logra clasificar, sea capaz de aprender, sanar, entender, sobrevivir y evolucionar, para sacar una saludable experiencia del brutal tropiezo en esta Copa Confederaciones.

Bien lo citó Óscar Restrepo, decano del periodismo colombiano y un conocedor del proceso de Osorio como entrenador: "el futbol mexicano ha retrocedido 25 años", tras el saldo en el torneo intercontinental.

Tras aquel 7-0, Osorio hizo varias promesas, las cuales no ha cumplido, y que, evidentemente le muerden los tobillos de su credibilidad.

1.- "El acercamiento con Bielsa me enseñó como manejar, salir adelante y aprovechar este tipo de accidentes (7-0 con Chile)".

2.- Dijo que tendría otras perspectivas respecto a las rotaciones de jugadores, las consideraciones sobre los perfiles naturales y cambiados, y en exigir "como hombres" el rendimiento de algunos jugadores.

3.- Siempre tener un Plan B en casos de contingencia, aunque, ha demostrado que tiene más Planes B que Planes A.

4.- Además, Osorio ha mostrado una doble cara que escapa a lo que normalmente se le conocía. Primero les espeta a los miembros del cuerpo técnico de Nueva Zelanda que sus señoras madres ejercen el oficio más antigua del mundo, con un taxímetro entre las piernas. Aquella alusión a los pinnípedos: #MotherFoca

5.- Y tras ofrecer disculpas, mostrándose acongojado y compungido por ese estallido, despés contra el cuerpo arbitral del juego ante Portugal por el tercer puesto, tendría una reacción aún más grave al toquetear en dos ocasiones al juez de línea, y encima musitarle al oído, "despacito, despacito", cantaría Fonsi, y para que las cámaras no lo captaran, una retahíla mayor de insultos, que seguramente le acarrearán una suspensión en la eliminatoria de Concacaf, comenzando en el juego en el Estadio Azteca ante Panamá.

Queda pues en claro que si en un año, Osorio no mostró capacidad de mejorar, de evolucionar, de aprender, de redimirse en el control de sus propios exabruptos, muy difícilmente lo hará de aquí a la Copa del Mundo.

Un compañero colombiano en ESPN me describió de manera muy sucia, procaz, escatológica y promiscua, aunque no menos metafóricamente puntual, el estado actual de Osorio, según un dicho muy cafetero: "está más perdido que flatulencia de ofidio", obviamente con el léxico ligeramente maquillado aquí.

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