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¿Cuál es la mayor preocupación del Tri rumbo al mundial?
LOS ÁNGELES -- La pregunta deberá responderla el mismo Juan Carlos Osorio. Sólo él, tal vez, y sólo tal vez, tiene la respuesta.

Después del 7-0 ante Chile, el entrenador colombiano aseguró que había aprendido la lección, especialmente después de ese retiro espiritual que tuvo por una semana bajo la tutela paciente --e inútil, por lo visto-- de Marcelo Bielsa.

Sí, el Dante futbolístico llevó a su vilipendiado Virgilio en un sendero paliativo, plañidero y consolador del Infierno al Purgatorio. Fútilmente...

Si en un año de arduo trabajo, después del 7-0, Osorio, aunque lo prometió, no fue capaz de mejorar, de evolucionar tras ese resultado, ¿quién puede garantizar que sí lo hará a un año de la Copa del Mundo, a la cual, por cierto aún no clasifica?

Nadie puede garantizarlo. Especialmente en tiempos en los que la Selección Mexicana no tiene cabeza. Hoy, Osorio tiene una dictadura absoluta. Todo procede según él lo exige a Guillermo Cantú, su enlace directo con la FMF.

Tras la renuncia del director deportivo del Tri, cuando Santiago Baños eligió irse al América, la autoridad quedó acéfala. ¿Es mayor reto un club una selección casi mundialista? ¿O es su renuncia el reflejo de una situación interna que ya era incontrolable dentro de la Selección Mexicana?

Lo cierto es que hoy, en su entorno, sin Baños, y con su 'Pompi' (Luis Pompilio Páez) metido en el siguiente calvario, la Copa Oro, sin duda Juan Carlos Osorio debe sentirse perdido. Sin duda una visita a Irak o Irán le sentaría bien, para ver si se "medio orienta".

Desamparado, sin asesores, expuesto al régimen absolutista de su propio desconcierto y dudas, Osorio no encuentra cómo reasumir el control en medio de esta crisis de resultados.

Si en el lapso de un año, tras el 7-0, no encontró un antídoto a sus propias equivocaciones, es evidente que no hay ninguna garantía de que en el año que resta de aquí al Mundial de Rusia, si logra clasificar, sea capaz de aprender, sanar, entender, sobrevivir y evolucionar, para sacar una saludable experiencia del brutal tropiezo en esta Copa Confederaciones.

Bien lo citó Óscar Restrepo, decano del periodismo colombiano y un conocedor del proceso de Osorio como entrenador: "el futbol mexicano ha retrocedido 25 años", tras el saldo en el torneo intercontinental.

Tras aquel 7-0, Osorio hizo varias promesas, las cuales no ha cumplido, y que, evidentemente le muerden los tobillos de su credibilidad.

1.- "El acercamiento con Bielsa me enseñó como manejar, salir adelante y aprovechar este tipo de accidentes (7-0 con Chile)".

2.- Dijo que tendría otras perspectivas respecto a las rotaciones de jugadores, las consideraciones sobre los perfiles naturales y cambiados, y en exigir "como hombres" el rendimiento de algunos jugadores.

3.- Siempre tener un Plan B en casos de contingencia, aunque, ha demostrado que tiene más Planes B que Planes A.

4.- Además, Osorio ha mostrado una doble cara que escapa a lo que normalmente se le conocía. Primero les espeta a los miembros del cuerpo técnico de Nueva Zelanda que sus señoras madres ejercen el oficio más antigua del mundo, con un taxímetro entre las piernas. Aquella alusión a los pinnípedos: #MotherFoca

5.- Y tras ofrecer disculpas, mostrándose acongojado y compungido por ese estallido, despés contra el cuerpo arbitral del juego ante Portugal por el tercer puesto, tendría una reacción aún más grave al toquetear en dos ocasiones al juez de línea, y encima musitarle al oído, "despacito, despacito", cantaría Fonsi, y para que las cámaras no lo captaran, una retahíla mayor de insultos, que seguramente le acarrearán una suspensión en la eliminatoria de Concacaf, comenzando en el juego en el Estadio Azteca ante Panamá.

Queda pues en claro que si en un año, Osorio no mostró capacidad de mejorar, de evolucionar, de aprender, de redimirse en el control de sus propios exabruptos, muy difícilmente lo hará de aquí a la Copa del Mundo.

Un compañero colombiano en ESPN me describió de manera muy sucia, procaz, escatológica y promiscua, aunque no menos metafóricamente puntual, el estado actual de Osorio, según un dicho muy cafetero: "está más perdido que flatulencia de ofidio", obviamente con el léxico ligeramente maquillado aquí.

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LOS ÁNGELES -- Había sido referido en anterior Blog. El aficionado colombiano al futbol otea cuidadosa y apasionadamente el horizonte de la selección mexicana.

Y se agudizó más ese asomarse al balcón ajeno después de la segunda goleada en dos torneos oficiales, que recibe el equipo tricolor del colombiano Juan Carlos Osorio. Después del 7-0 ante Chile, este 4-1 ante Alemania.

En redes sociales, ese coliseo inofensivo, inmune, divertido, para quien sabe surfear en él, sin ahogarse en el intento, la discusión se volvió encarnizada. Una mayoría de la afición mexicana invita a Osorio a regresar a Colombia, mientras los paisanos del técnico del Tri, le ponen un cuello ortopédico para rescatar ese pescuezo tambaleante.

Admirador --¿quién no?-- de García Márquez, me convertí además en un apasionado lector de otro colombiano, Fernando Vallejo, poco querido por un sector de sus paisanos. Muy distinto de El Gabo, pero también de una tremenda exquisitez literaria.

Y Vallejo, avecindado por mucho tiempo en México, escribió alguna vez: "Colombia tiene la perversión de creer que lo grave no es matar sino que se diga".

Más allá de la crudeza y crueldad de semejante contemplación, es aplicable al caso de Osorio. Lo grave no es que prepare un genocidio de la pasión mexicana por el Tri, sino que se diga.

Estoy lejos, muy lejos, de llevar este escenario a un conflicto entre dos naciones que podrían mirarse al espejo y confundirse, vamos desde las sanguinarias lacras sociales y políticas que le aquejan hasta en el aspecto de lectura por habitante por año: 2.2 por cada colombiano y 2.9 por cada mexicano.

Estuve 45 días en Colombia, antes, durante y después de la Copa América. Días inolvidables. Incluso aún recuerdo que tiré mi ropa en el hotel y regresé con las maletas llenas de ediciones de García Márquez que no se conseguían en México y una fantástica colección del Grupo Niche.

De hecho, platicando con el decano del periodismo colombiano, Óscar Restrepo, pilar de sabiduría en Raza Deportiva de ESPNDeportes, concluimos que a miles de kilómetros, pero con el mismo barro, se habrían moldeado mexicanos y colombianos. Por lo que uno suspira en Cali, se puede suspirar en Sinaloa.

En sus argumentos, los aficionados cafeteros, aseguran que Osorio es mucho collar para tan poco perro, es decir, el Tri. Aseguran que el técnico puede consolidar un proyecto en el futbol mexicano, pero que no hay materia prima entre los jugadores.

Y esto lleva a varias consideraciones, entendiendo, y aclarando, que discutir en Twitter, por ejemplo, circunscribe a la tacañería de 140 caracteres la dimensión de la disertación.

1.- México ha ganado dos Mundiales Sub 17, una Copa Confederaciones y una medalla de oro en Juegos Olímpicos. Además, jugó finales de la Copa América, e incluso una de ellas la perdió ante Colombia, y mejor no recordar los artilugios de Conmebol en Semifinales y la misma Final.

2.- Cuando converso con colombianos, aficionados o dentro de los medios, son puntualmente coincidentes: prefieren a Reinaldo Rueda antes que a Osorio para sustituir en un año y días, a José Néstor Pékerman. ¿Entonces? O, es como decimos en México, "que se haga la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre".

3.- En lo personal, he tenido dos charlas extensas con Juan Carlos Osorio. Insisto: es un buen hombre bueno. Un caballero. Trabajador en extremo, minucioso, devoto de su oficio y con una historia de vida que podría seducir a un guionista hollywoodense. Perseverancia, es el resumen.

4.- Pero, y lo ratifico a muerte, porque se lo dije al mismo Osorio: llegó a una de las federaciones más perfectamente corruptas del futbol mundial. Tan astuta la FMF que ni Loretta Lynch le encontró un centavo manchado de corrupción. ¡Ja! Sus muertitos los tiene bien enterraditos.

5.- Es decir, Osorio se metió a la cueva de hienas más peligrosa del balompié mundial. ¿Cuántas federaciones en el mundo tienen 14 anunciantes de su selección en un país y otras 14 distintas en otro como EEUU? ¿Cuántas federaciones en el mundo facturan más de 650 millones de dólares en un ciclo mundialista? De América, sólo Brasil, y ninguna más. Osorio es, pues, un dígito entre semejante fortuna para la FMF.

5.- Y reitero: Osorio emprendería un magnífico proyecto en un club mexicano, en un club serio, y no un vodevil de corrupción como el Puebla, el cual le pagó incluso apenas la mitad del finiquito debido, y al estilo de Las 24 Horas de Lemans: a 30, 60 y 90 vueltas de sus abogados ante el juzgado. El técnico colombiano, por ejemplo, en dos años rompería esa sequía de 20 años sin título de Cruz Azul.

Y es necesario explicar algo: gran parte del aficionado mexicano, ese que seguramente tendrá más de 25 mil emisarios en Rusia 2018, como tuvo 30 y 35 mil en Francia 98, Alemania 2006 y Brasil 2014, organiza su vida social y financiera, para cada cuatro años enarbolar la bandera del ilusionismo, y regresar con la bandera de la frustración.

Por, eso, el futbol polariza en México, porque la Tierra Prometida del Quinto Partido tal vez sólo la conozcan el Día del Juicio Final, y por la tardecita, si Dios lo permite.

Así, creo, el aficionado colombiano puede entender que el futbol mexicano si tiene futbolistas, hoy mismo incluso, para no sufrir humillaciones históricas e histéricas como ante Chile o AlemaniaB/C, pero necesita a un entrenador que los convenza y los comprometa.

Prueba de la falta de discurso de Osorio, como le ocurrió a Sven-Goran Eriksson también, es que se consideró necesario buscar a un "gerenciador" como Imanol Ibarrondo, para que les musitara al oído su presunta grandeza y escuchar las cuitas de los traumas de los jugadores.

Esa arenga no se consigue en la pulcritud de la palabra, menos aún en el jugador mexicano, que en su mayoría agradece más una amigable pero sincera mentada de madre, o un discurso cargado de cinco o seis estallidos soeces, que del arrullo de sirenas que tienen Osorio e Ibarrondo.

Terminado este texto, que seguramente será refutado, repelado, rebatido, maltratado y desdeñado, me preparo un cafecito de la zona de Urrao en Antioquia, que bien podría confundir con nuestro café chiapaneco o veracruzano, en espera de una Bandeja Paisa.

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LOS ÁNGELES -- Contrataron en México a Juan Carlos Osorio para consumar una hazaña: el 'quinto partido'. Convertido en el azote conkakafkiano, que es como el sarampión tundiéndole a púberes tragaldabas, con los adultos, desfallece como ninfa de fábula.

En tres encuentros oficiales ante adversarios clasificados entre los mejores 15 del mundo en el termómetro promiscuo de FIFA (Chile, Alemania y Portugal), ha recibido 13 goles y marcado tres. El sendero al 'quinto partido' tiene ese tipo de emboscadas.

Más allá de la farsa farandulera del juego por el tercer lugar, que a Portugal le importa tanto como el precio del kilo de chinicuiles en el Mercado de La Merced, México es vapuleado por Alemania por 4-1. Después del 2-0, los teutones se dedicaron a juguetear.

Campeón de las rotaciones demenciales y estrafalarias, Juan Carlos Osorio se convirtió también en el predicador supremo de los pretextos, dando, de esa manera, argumentos, o sofismas, para que los ciegos que lo siguen como su lazarillo, como mocosos bobalicones al Flautista de Hamelín, se sumaran al apostolado de los embaucadores.

Osorio ha hecho del "hubiera" la conjugación huidiza y perfecta del cómo culpar al universo, excepto a sus alineaciones excéntricas, alucinógenas, además claro de sus rotaciones, sus cambios y, claro, hasta de su manera de trabajar.

Y claro, los vocingleros -incondicionales y condicionados--, de sus metidas de pata, cauterizan sus propias llagas con los subterfugios de su profeta.

"Fuimos eficientes, más no efectivos". "Si hubiéramos metido todas las que tuvimos". "El marcador no es justo". "Fuimos mejores, pero ellos nos golearon".

Y sin duda, la homilía del fracaso se frota consoladoramente con el autoengaño.

México fue rebasado. Desde el vestuario. Desde la charla técnica. Desde la alocución fantasiosa de Imanol Ibarrondo: "Tú eres mejor que cualquier alemán", debió decir a cada uno de los verdes escolapios del fracaso. Y seguro tiene razón, a pesar de que ese 4-1 tiene mejor verborrea que la de este "gerenciador" español, del que puntualmente Javier Aguirre dijo que "nunca supe de él en mis 14 años dirigiendo en España".

¿Giovani dos Santos dentro? ¿Chicharito en la cancha? Y dejar a Oribe Peralta y a Carlos Vela fuera. ¿Oswaldo Alanís en lugar de Luis Reyes? "Metí a dos centros delanteros altos para buscar remates por arriba", explicó en su auto abogacía Osorio. Y ambos tiraron más centros que conectar remates.

Pero, recordemos que antes y después de ese 7-0 ante Chile y este 4-1 ante Alemania, Juan Carlos Osorio jamás se ha equivocado, según él, en su toma de decisiones. Al final, las circunstancias, el rival y los pecados de sus jugadores, son las explicaciones puntuales del holocausto mexicano.

Este moderno Poncio Pilatos se lava las manos con los jirones tricolores.

Y ojo: a pesar de que muchas pilmamas de Osorio, y otros emisarios advenedizos del #MeMetoEnLoQueNoMeImporta, aseguran que los jugadores mexicanos tienen un nivel paupérrimo para competir con los 15 primeros de esa clasificación caprichosamente montada por FIFA, lo cierto es que en grupo, en conjunto, bajo un genuino liderazgo, estos mismos futbolistas son capaces de mucho más de lo que los miedos, los atavismos, y los prejuicios egoístamente soberbios de Osorio les permiten.

Lo preguntábamos hace tiempo en Raza Deportiva de ESPNDeportes: ¿Ha entregado Osorio un rendimiento embelesador de al menos 70 u 80 minutos en su proceso? Jamás. Al menos, eso, con Javier Aguirre, Miguel Herrera, Mejía Barón, Manuel Lapuente y Ricardo LaVolpe llegó a consumarse porque con el colombiano, lo que se consigue, es consumirse.

Después de esta nueva debacle competitiva del Tri, ¿creerán en la bufonada de las rotaciones y de somos una familia, jugadores como Carlos Vela y Oribe Peralta?

¿O hasta el mismo Andrés Guardado, quien hasta parece ingeniárselas para ganarse la suspensión en juegos clave?

¿Con que estatura moral, puede armar Osorio una comedia, un sainete verborreico para convencer a sus engatusados jugadores de que el indulto los espera con la guirnalda de cobre del tercer lugar? Hoy, Juan Carlos Osorio reedita aquello de Los Once del Patíbulo.

Hoy, el ambiente del vestuario hacia Juan Carlos Osorio, debe estar tan saludablemente solidario, fraternal, unido, blindado, como aquella época de absoluta mentira cuando comenzó el proceso degenerativo de José Manuel Chepo de la Torre con el Tri.

Hoy, a los ojos de los jugadores mexicanos, los sermones exitistas de Osorio e Ibarrondo deben tener la misma contextura y credibilidad que fotografías de vedettes en Instagram. Más silicón que consistencia.

¿Debe seguir Osorio? Es mucho pedirle valentía a Decio de María. Debe estar trémulo, titiritando y más asustado que el colombiano. Su teléfono está esperando la llamada de su jefe supremo desde el Salón Oval de Televisa. Si se va Osorio, Decio debería cerrar la puerta detrás de él.

¿Los 18 dueños de equipos, y por lo tanto dueños de la selección mexicana? Han demostrado ser tan abúlicos, timoratos, cobardicas, irresponsables y agachones que se convierten en cómplices pasivos, pero no inocentes, de este nuevo descalabro.

Mientras tanto, usted decida si se trepa cómoda y furtivamente a la caravana ilusionista del autoengaño: "Es que si hubiéramos...".

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LOS ÁNGELES -- Se sabía. Banquete voluptuoso habría. Chile y Portugal, con una pléyade de futbolistas extraordinarios. Y que han memorizado a qué juegan. Porque saben a qué juegan. Porque saben con quién juegan. No existe el harakiri de la rotación.

Se sabía que debía ser un juego de altísimo nivel. Más allá de las provocaciones e incitaciones al alarido, al grito, al drama, a la angustia, al estupor, al colapso. Y más allá de los balones indecisos estampándose en el marco limítrofe de la gloria, rehuyendo su destino de gol. Más allá de ese penalti. Más allá de teatralidades y bravuconadas.

Pero, sobre todo, muy por encima de todo, ese fervor, esa devoción, esa hambre, esa rabia, esa lava homicida de intenciones y hasta suicida de obligación si la cuota del triunfo lo exige.

Chile es finalista. Claudio Bravo se metió en el cerebelo de los portugueses para evitar que sus disparos se metieran en su portería. El arquero chileno infiltró los demonios de la duda. Y el tahúr de las argucias ganó.

Pero, al final me quedo con una estampa sublime. La gloria es una ostentación de la belleza... por más repulsiva que pudiera parecer en otro escenario, por ejemplo, en un callejón oscuro a la medianoche.

Arturo Vidal se empeña en la cosmética del adefesio, incluyendo ese corte de pelo, pero ¡Dios!, ese festejo tras consumar su cobro desde el manchón de las sentencias debe ser el rostro más frenéticamente cautivador para los chilenos en la catarsis de sus ilusiones. Arturo Vidal es el Dorian Grey de las epopeyas vestidas de rojo. La victoria de Picasso pintada por Rafael Sanzio.

Eso es Chile. Su selección y su patria. Ese rostro de Vidal deformado de furia, congestionado de rabia. Venas, arterias, nervios, amígdalas, músculos del pescuezo de Vidal armonizan colosalmente con ese bufido humeante del gol.

Y si El Patrón (como le rebautizaron en el Bayern Múnich), es el patrono de la inmortalidad, los chilenos sabían que eran finalistas. Vidal se metió en el corazón de su corte de guerreros, y Claudio Bravo se metió en la despensa de las emociones de los lusitanos y transformó a sus presuntos verdugos en víctimas propiciadas.

Antes de los penales, claro, hubo futbol. Un futbol ardorosamente embelesador. Endulzaron el trámite a pesar del 0-0 de 120 minutos, y los centavitos agregados, el contraste de sus estilos, pero fundamentalmente la vehemencia absoluta de todos.

Uno Campeón de Europa; otro dos veces campeón de América. La potestad absoluta del futbol estaba en juego. El patriarcado del balón, estaba en disputa.

Y si el balompié fue hijo del ocio europeo, se siente más cómodo en la adopción del americano, especialmente del sudamericano, donde ha encontrado sus mejores Mecenas: Pelé, Maradona, Garrincha, Ronaldinho, Messi...

Claro, la doncella esférica prefiere la exquisita caballerosidad estética del trato en este continente, más allá de la brusquedad histérica de sus progenitores.

Esos 120 minutos expusieron, aparte, los atributos indispensables de los históricos. Cada balón, cada jugada sin balón, cada amague, cada roce, cada embestida, cada filigrana, exhibía el portento espiritual de cada jugador.

Insisto, más allá de la calidad sublime de cada uno, verlos convertidos en bestias de caza, sin temor y sin tregua, ungió de autenticidad y legitimidad la combatividad de este juego futbol.

Bien lo puntualizó Juan Villoro: "Dios es redondo". En la guerra civil de sus adoradores, el culto a este deporte sumó adeptos. En la cancha de futbol, los artistas tienen genes de aves de rapiña. Su mirada los delata.

Hay que temerle a Chile en la Final. Y a Arturo Vidal. Y a sus huestes. No sólo por su futbol. Muy especialmente porque todos, los once, los 23, los 19 millones de chilenos, tienen su rostro transfigurado en ese semblante insaciablemente beligerante de Arturo Vidal.

Debieron angustiarse ya de ello y por ello sus posibles contendientes en la Final de esta Copa Confederaciones: Alemania y México.

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LOS ÁNGELES -- El predicador de la unidad, sin quererlo, fomenta la discordia. A excepción de aquel exabrupto ecológico, en pro de los pinnípedos (#MotherFoca) Juan Carlos Osorio, con su discurso apacible, arrullador, monótono, pretende prohijar esa solidaridad gregaria en sus equipos.

Agradecerle debe el aficionado mexicano que con Osorio en el Tri, la selección mexicana se ha convertido en el segundo equipo -y en algunos casos de abogadillos advenedizos, en el primero-, de los aficionados colombianos. Claro, por el técnico, más que por el mismo equipo.

En un paralelo, hasta se puede citar a Matías Almeyda: "A Chivas le respalda su afición y la de River Plate", haciendo referencia a esa veneración evidente que conservan hacia él los seguidores de la franja bermellón.

Así, Osorio puede estar seguro que ese fervor de los colombianos le desea buenaventura, más por el síndrome adoptivo del paisanaje, que por una real empatía de sus parceros con el seleccionado mexicano.

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"A México le respalda su afición y toda Colombia", bien podría decir este bibliotecario de sus propias gestas en la simpleza de unas libretas garabateadas con tintas azul y roja.

En ese plebiscito estruendoso pero inútil de las redes sociales -"Nunca he visto un gol anotado por la tribuna", dixit Nacho Trelles-, en ese inofensivo zafarrancho ideológico, en el que afortunadamente la voz del pueblo no es la Voz de Dios, antagonizan juicios en torno a Juan Carlos Osorio.

Por un lado, se defienden las estadísticas, y el paso poderoso del #TriOsorista en el llamado por FIFA tercer mundo del futbol, como lo es el paraíso conkakafkiano, en el que México retoza a media luz como el Rey Tuerto en la Tierra de los Ciegos, pero, debiendo inclinar la cabeza ante EEUU y Costa Rica, de mayor trascendencia en Mundiales.

Osorio está a un triunfo de asegurar su visado al Mundial de Rusia. Es el Atila y sus Hunos sembrando terror en la paupérrima campiña conkakafkiana, que empobrecida y todo, en los dos anteriores ciclos mundialistas terminó el Tri en uno en rescate de emergencia por Javier Aguirre, y en otro metiéndose de panzazo, primero por la compasión del estadounidense Zusi, y después por la inocencia virginal de los tiernos Kiwis de Nueva Zelanda.

Está sobado, gastado y ajado decirlo, pero a Osorio no le contrataron para ir a un Mundial, que para eso, de ser necesario, se encarga hasta el arbitraje de la Concacaf, sino para dejar de ser el temor impotente con una castrante fobia, histérica e históricamente desarrollada, a jugar el Quinto Partido.

Por eso, más allá de las deslumbrantes luciérnagas, con sus hipos de relumbrón conkakafkiano, lo cierto es que el #TriOsorista ante los dos únicos equipos ubicados que ha enfrentado entre los 15 primeros del sospechoso termómetro de FIFA se ha llevado nueve goles: Chile y Portugal.

Pero, todo esto, termina agrandando la brecha entre quienes se desploman de hinojos con cataplasmas de hinojo ante este #TriOsorista que llenan de heráldicas de rústico barro su altar por ganar en Canadá, Honduras y en Columbus, es decir, trincheras paupérrimamente conkakafkianas.

Y por otro lado, el juicio radical del 7-0 ante Chile, y, sobre todo, el reclamo de que se ahogaron en el pantano de las promesas precipitadas y perjuras de ofrecer un México espectacular, agresivo y dominante.

Y, sin duda, el reclamo de una selección convincente. En anteriores gestiones se ofrecían actuaciones casi completas, mientras que hoy con este #TriOsorista el regocijo es a retazos, a jirones, casi como situaciones accidentales, fortuitas o, simplemente, de chiripazo, a pesar de su legión europea sin precedentes.

Sin ir muy lejos, en Brasil 2014 el funcionamiento ante Croacia y Holanda rozó la perfección hasta que, claro, a México le alcanzó su destino: ese némesis maldito que lo veta del Quinto Partido.

Con Ricardo LaVolpe, bajo ese ejercicio de "se jugó como nunca y se perdió como siempre", el Tri ofreció momentos vistosos por casi 90 minutos. Y ocurrió con Javier Aguirre, Mejía Barón, Manuel Lapuente, y hasta con Chepo de la Torre -en terrenos cokakafkianos-, antes de que el déspota que habita en sus rincones oscuros arruinara el grupo.

Hay, sin embargo, un punto valioso a favor de Osorio. Y vale la pena tratar de puntualizarlo, para evitar interpretaciones erróneas. Él, diría el inequívoco, sagaz y contundente Perogrullo, como colombiano, no es mexicano..

Y esa es una historia compartida directamente con el mismo Osorio: los técnicos mexicanos, en el momento decisivo, ese de la antesala al Quinto Partido, se ofuscan en la toma de decisiones correcta cuando las tribulaciones en la cancha aprietan...

Ocurrió con todos, excepto con LaVolpe, cuyo destino lo sella el golazo de Maxi Rodríguez. En ese juego ante Argentina, al Bigotón le temblaba, se le estremecía, su ego, no la salud competitiva del Tri...

Pero, y lo hemos relatado aquí: Mejía Barón no hizo cambios; Lapuente se suicida en el enroque Lara y Claudio; Aguirre, primero, saca a Ramoncito y mete a la Momia Hernández en 2002, y en 2010 usa a Cuauhtémoc ante Uruguay y al Bofo ante Argentina; el Piojo, elige al asustadísimo, entonces, Javier Aquino, ante Holanda...

Osorio, en caso de llegar al Mundial de Rusia, tiene esa ventaja: no le estremecerá el fervor patrio ni se le convulsionará el compromiso del "masiosare". Rotará, sí, rotará con pasión por sus metas, pero sin apasionamiento de ansiedad histérica por la epopeya eventual del Tri.

Eventualmente platiqué sobre ello con Javier Aguirre en su segunda etapa con el Tri, y con Miguel Herrera.

"Espero no volver a equivocarme", dijo el Vasco, rememorando el Mundial 2002 y de cara al del 2010, pero lo hizo, y dos veces.

"Espero que pueda controlar esa presión y decidir correctamente", explicó Miguel Herrera... y decidió mal.

Sí, con la bendición de Perogrullo, esa es una arma secreta de Juan Carlos Osorio: por ser colombiano, no reaccionará ante la presión como un mexicano...

Claro, no lo he olvidado: en el 7-0 ante Chile su capacidad de reacción fue nula. Accionó, no reaccionó. Otro entrenador hubiera negociado la sobajada de un 3-0, pero no la monumental y eterna humillación del 7-0. ¿Habrá aprendido?

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LOS ÁNGELES -- México semifinalista. Como segundo de grupo. ¿Rival? El Némesis chileno o el embrión del campeón del mundo. La angustia es unilateral: andinos y teutones "pa'bajo no saben mirar", inmortalizó José Alfredo.

2-1 sobre Rusia. Putin no metió las manos. Ni en el VAR, aunque sí en el vodka. Dos goles de cabeza, pero con más gónadas que cacumen. Néstor Araujo con la mollera y la fortuna, y al Chucky Lozano, tras insano patadón, la testereó tiernamente por inercia, pero con enjundia.

Ponderable: el Tri encontró su mejor -"o menos pior"- once disponible. Sufre en defensa y mucho. Y sufre porque Héctor Herrera juega como y donde detesta jugar, en beneficio de un espléndido Jonathan Dos Santos.

La plegaria: no más rotaciones, a menos, claro, que Rafa Márquez sea Dorian Grey, porque esa cinta de capitán no encuentra ningún bíceps de ese tamaño. Con Guardado en la mazmorra del Kremlin un juego, ¿Herrera, Márquez y Jonathan? ¿Jonathan, Herrera y Fabián? Veremos.

El vicio del Chucky Lozano: pasó 89 minutos y 50 segundos pensando si hay barbacoa tipo Hidalgo en Eindhoven. Y en sólo 10 segundos se sirvió un plato de machitos, metió ese pecho normalmente criogenizado, recibió la patada en el esternón y con la cabeza escribió la hazaña.

La posesión no miente: el balón fue potestad del Tri. Más aún cuando un camarada se llevó el color patrio con la ignominia de la expulsión. Pero, ya se sabe, enamorar a la pelota no equivale a seducirla en la red.

De hecho, Rusia tuvo los mejores pasajes ofensivos, incluyendo horas extras para los burócratas del VAR. En media cancha, México sigue sin tener ese híbrido indispensable: que quite balones, que aquiete balones, los arrulle, y organice intencionadamente.

Al resaltar que México encontró sus mejores once -o sus menos peores once-, cuando Reyes salió por Reyes, es innegable cuestionar a Carlos Vela, y destacar a Chicharito, quien hizo una labor abnegada, pese a que cuando enfrentaban a diez, se obsesionó con hacer su gol, cuando pudo favorecer el tercero de México. Una cosa es el egoísmo del delantero y otra el egoísmo del personaje.

Los números amparan el proceso. Lo mejor de la fase de grupos fueron 35 minutos ante Portugal y la capacidad de reacción en tres ocasiones, con la Espada de Damocles pendulando en el marcador.

Sin embargo, sólo la demencia tolera fantasear por una victoria sobre Nueva Zelanda y ante una Rusia de vergüenzas inmediatas. Urge al Tri mejorar, sobre todo en posesión útil y no estadística del balón. Y ese embudo defensivo para que los del fondo sufran menos.

La explicación de las rotaciones eran mantener fresco al equipo. Ahora, deberá ir a Semifinales con la carne más selecta en el asador, mientras Alemania y Chile resolverán con frescura, ante Camerún y Australia, su posición en el grupo. Ambos querrán evitar a Portugal y cuánto se ceben sanguinariamente sobre su rival descifrará su futuro.

La mayoría de las expresiones pasionales en la vida, tienen su rostro festivo y su rostro maligno. El júbilo y la ira tienen un lenguaje común.

Entonces, esta vez sí, sin que nadie lo cuestione, Juan Carlos Osorio puede explayarse ruidosamente sin riesgo a censura con ese encomio ecológico de protección a la zoología marina. Venga pues, ese #MotherFoca pleno, para salvar esos pinnípedos en riesgo de extinción.

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LOS ÁNGELES -- Juan Carlos Osorio ha revelado que en la toma de decisiones de la selección mexicana interviene un comité compuesto por tres jugadores.

Alex de la Rosa y Paco Gabriel de Anda, asignados especiales de ESPN en la Copa Confederaciones, tienen dos de los nombres: Rafa Márquez y Andrés Guardado. ¿El tercero? ¿Miguel Layún? ¿Chicharito? ¿Héctor Moreno? ¿Guillermo Ochoa?

¿Será, este comité de consulta la desesperación de Juan Carlos Osorio por encontrar respuestas que no están en los apuntes en tinta roja en su libreta? ¿O ya se le agotó la tinta azul? ¿O se le secó la tinta azul por falta de uso?

¿O será acaso una respuesta a que le cortaron los brazos?

1.- Santiago Baños abandonó al Tri para una vida más excitante como presidente deportivo en el Nido del América...

2.- 'Pompi', para los amigos, Luis Pompilio Páez para usted, debió quedarse con la selección de cobre para la Copa Oro...

O estará ejerciendo el irrefutable Principio de Murphy: "El trabajo en equipo es esencial: te permitirá echarle la culpa a otro".

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De esta manera, implica Osorio, hasta las rotaciones demenciales entran en una dinámica del grupo. Es decir, no es sólo el técnico, sino también este triunvirato adjunto.

O como se dice en México: "Estamos equivocados todos ustedes".

Las culpas, y sus consecuencias se sufren menos divididas entre la democracia del error. Es un acto de escapismo individual del patíbulo del ridículo y el fracaso. El capitán se baja primero del Tri-tanic.

Analista de ESPN, Paco Gabriel de Anda, ex mundialista, el defensa central que tiene más goles y títulos en el futbol de México, reflexionaba que en su carrera como seleccionado y en clubes, encontraba proclividad de algunos entrenadores al diálogo, la consulta y la apertura, pero no a la usurpación de funciones del trabajo del entrenador.

Coincidía con Paco Gabriel el propio Manuel Lapuente, el técnico más sabio en México, quien aceptó que en la conquista del título de la Copa Confederaciones 1999 dialogaba y se acercaba a jugadores de gran personalidad como Pável Pardo, García Aspe, Claudio Suárez, Ricardo Peláez, Jorge Campos, e incluso Cuauhtémoc Blanco, entre otros.

"Pero, que ellos intervinieran en cómo jugaba el equipo y en una alineación era imposible. Ni siquiera lo sugerían. Entonces, creo que eso que dice Osorio es otra de sus mentiras", puntualiza Lapuente.

Insisto: ¿Será que el abandono de Baños y de 'Pompi' dejan en la orfandad de toma de decisiones, análisis, criterios, ideas y recursos a Osorio?

Aclaremos algo: he tenido oportunidad de dos convivencias distintas con Osorio. Una en una charla de más de una hora con gente de la FMF presente. La otra con su señora esposa como anfitriona.

Y Osorio, como la mayoría de los colombianos que conozco, es un caballero. Es un tipo culto y es una buena persona buena, sí, así, una buena persona buena. Un estudioso incansable del futbol, con una enorme habilidad para diseccionar al adversario.

Y agreguemos algo: la historia de vida del técnico colombiano es admirable. Desde un método de formación profesional bajo sus recursos, su atrevimiento, su aventura, y hasta con la solidaridad absoluta en el sacrificio familiar.

"Usted puede dirigir en cualquier parte del mundo", le dijo alguna vez Pep Guardiola a Osorio, y el colombiano está convencido de ello.

Pero, también, pude detectar que más allá de su convicción en la metodología de su trabajo, Osorio es un ser humano urgido, necesitado, del reconocimiento a su labor. No le basta la autosatisfacción, sino que necesita, desesperadamente, el balcón público del vítor.

Y quien se siente huérfano, abandonado, por la veneración masiva, refleja un sentimiento interno de inseguridad, de ansiedad al respaldo.

Este viernes, sin embargo, la franca, honesta, abierta revelación de este comité de tres jugadores en su selección nacional, deja condicionada su credibilidad y su autoridad, especialmente en un ambiente tan insano y resultadista como es el futbol, como es una selección nacional, y como es el roce voluble con el jugador mexicano.

¿Tienen todas las respuestas Márquez, Guardado y el tercer invitado? ¿Tienen respuestas más objetivas y menos prejuiciadas ellos que la experiencia del entrenador?

Ojo: la solidaridad, por conveniencia y oportunismo, debe interpretarse como complicidad. Y entonces, reitero, se presenta la democracia del error o el error de la democracia.

Y termina, entonces, siendo, un Tri de cuatro cabezas, pero, en realidad acéfalo.

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LOS ÁNGELES -- Bajo el amparo comodino, huidizo, temeroso, de los timoratos, con la execrable letanía mediocre del "pero ganamos" y "somos líderes por encima del Campeón de Europa", se comienza otro tétrico camino de ocultismo.

El balance es breve, en este 2-1 de México sobre una Nueva Zelanda a la que el Tri del Piojo Herrera le hizo nueve goles en dos juegos, con una selección al vapor, sin europeos, y con León y América como base emergente.

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1.- Alfredo Talavera fue el jugador más valioso de México. Rescató el pellejo de una selección que fue dando facilidades asombrosas, entre el desconcierto de sus zagueros.

2.- Javier Aquino fue el futbolista más determinante de México, pero sobre todo expuso la ñoñez del cuerpo técnico de Nueva Zelanda, que jamás reaccionó a poner una garita en la autopista que había por su lado derecho. En ese paraíso, Aquino dio el catálogo de virtudes para que un astuto agente haga su chanchullo y lo coloque en la élite europea.

3.- Estoico Oribe Peralta. Más allá del gol de la victoria, la devoción para hacer las tareas incluso de sus fantasmales compañeros. En esa combatividad se agrega Raúl Jiménez, aunque en dos ocasiones desperdició generación de gol por esos desplantes petulantes que le invaden.

4.- Carlos Salcedo y Héctor Moreno bajo observación médica. 72 horas, el lapso hasta la cita con Rusia. Parece imposible que se recuperen.

5.- Técnicamente, Juan Carlos Osorio hizo ocho movimientos, en su plan demencial de rotaciones, respecto al 2-2 con Portugal. "Se trata de que todos jueguen, de que todos en la familia del vestidor estén contentos", explicó una vez. Ocho, sí, ocho modificaciones.

6.- Y mientras la afición mexicana decide portarse bien y omitir el grito que FIFA considera homofóbico, el entrenador Juan Carlos Osorio es captado en HD y para la inmortalidad de las redes sociales, dedicándole envenenada, soberana, iracunda, sentida, profunda, rotunda, obscena, procaz y políglotamente una mentada de madre que se trepó al #TrendTopic de las redes sociales con su #MotherFucker.

7.- Un arbitraje, espantoso de nuevo, permisivo al equipo mexicano, que tiene su hecatombe con una zacapela en el desenlace, y que a pesar del auxilio del temible y cuestionable VAR, no expulsa a Héctor Herrera ni a dos de sus agresores. Dicho está: el VAR es perfecto, los que los manejan son perfectamente imperfectos.

8.- Ese primer tiempo de México: confuso, confundido, errático, con jugadores mal posicionados, sin entendimiento, dubitativos, tibios hasta en la disputa de la pelota y como un montón de mocosos a quienes sólo les dijeron que hicieran lo que pudieran. La legión #SálveseQuienPueda.

9.- México mejoró en el segundo tiempo. Nueva Zelanda le entregó la cancha y la pelota. Se dedicó a resistir con el 1-0 de ventaja. En ese acoso, en ese dominio, México acusó la bobalicona estrategia de no saber definir a pesar de pasear el balón en el área. Fue superior porque Aquino marcó diferencia, mientras que Jürgen Damm es sólo un correloncito de vecindario, porque cuando urge apelar a las neuronas, para centrar o disparar, la azotea la tiene vacía.

10.- En ese escandaloso recurso y discurso de que es líder "encima del Campeón de Europa" por diferencia de goles, se viene la pregunta venenosamente urgente: ¿permitirá Vladimir Putin que se termine la fiesta en casa? ¿Y Osorio hará ocho nuevas rotaciones en su equipo, incluso, siendo capaz de dejar fuera a Javier Aquino y a Alfredo Talavera?

Y ahora, en estas 72 horas, escuchar los cánticos de los conformistas, de los sumisos, con esos estribillos recurrentes para tratar de transfigurar el caos en esperanza: "pero ganamos" y "somos líderes por encima del Campeón de Europa".

Decía el francés Delavigne que "desde los tiempos de Adán los necios están en mayoría", y su paisano Boileau que "un necio encuentra siempre otro aún más necio que le admira".

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LOS ÁNGELES -- Con su juramento como Espada de Damocles, --en una aproximación al suicidio--, ese de prometer ser finalista en la Copa Confederaciones, Juan Carlos Osorio, como croupier resignado, blofea con sus 32 cartas de cara a los amistosos ante Croacia e Irlanda.

De esa baraja con 32 naipes, pero sin algún as bajo la manga, pretende quedarse con 23 reclutados para la misión de someter a Honduras y Estados Unidos en el Estadio Azteca, en un combo que podría incluir su clasificación a la Copa del Mundo Rusia 2018.

En la garita del Hexagonal, México tiene 10 puntos, y en la aritmética de la mediocridad Conkakafkiana, con 16 unidades le sellan el pasaporte a Rusia. Una ganga, más barato, imposible. En esta zona Caperucita es más peligrosa que el Lobo.

Juan Carlos Osorio
Imago7Juan Carlos Osorio no quería mostrar su lista de convocados durante la conferencia de prensa.
En la precipitación exitista de las estadísticas, el Tri debe salir a destazar a sus adversarios y empezar a confirmar albergues en Rusia. Pero a Honduras lo exalta Jorge Luis Pinto y a Estados Unidos lo resucita Bruce Arena. Para ambos técnicos, México sólo se conjuga con el verbo odiar.

A pesar de sus populistas liturgias previas de que en la Liga MX hay opciones similares a los cónsules europeos, Osorio ratifica que a la Confederaciones viajarán los titulares y los becados en las bancas de clubes de medio pelo en Europa, además de Giovani. Muchas vueltas de la gallina para poner el mismo huevo de siempre.

Así, mientras todos los medios y los miedos de la selección mexicana tienen como código postal la Confederaciones, la devoción por la Copa Oro se empobrece, sin ignorar que la selección #SálveseQuienPueda que acudirá vestida de verde, espera las nominaciones de Walter López, Aguilar Chicas y Mark Geiger como los rescatistas del Tri. Los padrinos favoritos de El Padrino conkakafkiano.

El grupo de México en la Confederaciones sólo escandaliza a los temerosos defensores de Osorio. Ya hemos hecho referencia a la desvencijada selección de Rusia, mientras que Nueva Zelanda recluta a los lisiados que nunca pudieron jugar rugby, y en espera de las condiciones en que llegará Cristiano Ronaldo en esta maratónica obsesión de ser el Balón de Oro, con dos musas valiosas: la Champions y la Liga. Los gatos quedarían a merced del ratón.

Con la Copa Oro, entonces, relegada al escuadrón suicida mexicano de los menos indigentes de la Liga MX, y con la inconsistencia de una selección estigmatizada perversamente por el 7-0 ante Chile, Juan Carlos Osorio empezará de cero, porque, ya debió detectarlo, la amnesia reincidente del futbolista nativo, respecto a su Libreta, lo coloca en el comienzo de la aventura.

Ojo, insisto: así como Osorio no debe ser el único en cargar la cruz al Monte Calvario del 7-0, porque los futbolistas quedaron superados física y espiritualmente, tampoco puede dejarse de lado la responsabilidad suprema de los jugadores en el asalto desolador sobre la alguna vez mítica Columbus.

De esta manera, los dos extremos de esta selección mexicana, el hundimiento absoluto del 7-0 hasta la extinción de EEUU en Columbus, deben atribuirse a los extremos de compostura de los jugadores, que pasaron de la agonía histérica en Santa Clara al éxtasis histórico ante las últimas tropelías de Klinsmann. Ni la leña verde ni el nicho son exclusivos de Osorio, los jugadores tragaron, mayoritariamente, de ese estiércol y también de ese banquete.

Lo cierto es que México será además el seleccionado que llegue con una mejor ruta de preparación. Croacia e Irlanda, con nóminas de exiguas pretensiones mundialistas, deberán aportarle exigencias al Tri, y en batallas sin concesiones, la Honduras de Pinto y el EEUU de Arena, serán una versión corregida y aumentada de las que ya enfrentó Osorio.

Ojo: poco le ayudan a México los juegos previos en Los Ángeles y Nueva York, para después meterse al Estadio Azteca, con las condiciones de altitud que ahora son menos temidas y mejor confrontadas por sus adversarios en el Hexagonal.

Por lo pronto, Osorio percibe la emboscada que generalmente arman los resultados. Especialmente si él mismo fue proyectándola en torno a sus discursos. Victorias de local sobre catrachos y estadounidenses, y esa presupuestada Final en la Confederaciones, serán el termómetro ineludible de sus perspectivas, porque, ojo, es necesario recalcarlo: el técnico colombiano no llegó para tramitar el boleto a Rusia, sino para aspirar a los terrenos vetados y vedados del quinto partido. Para turistear en Rusia, abundan candidatos.

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