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Brizio: 'Mi relación con Televisa siempre fue laboral'
LOS ÁNGELES -- ¿Justicia sin poder? ¿Poder sin justicia? En el futbol mexicano se elige el poder sin justicia para evitar que la justicia tenga poder.

La llegada de Arturo Brizio Carter a la Comisión de Arbitraje del futbol mexicano, su arribo a la silla del poder, no significa ni que llegue la justicia ni que la justicia recupere su poder.

Arturo Brizio se describe a sí mismo en Raza Deportiva de ESPNDeportes con un perfil completo, pero nada novedoso en ese puesto. Ese currículo ya lo han mostrado otros antes... y fracasado.

Ex juez mundialista, con experiencia, conocedor del hábitat agreste de las canchas y de los lados claroscuros del arbitraje, y conocedor de las reglas técnicas, físicas y morales para ser un silbante, Brizio argumenta estar listo para que el futbol mexicano goce de un mejor arbitraje, o, en términos coloquiales del pesimismo, un "menos pior" arbitraje.

Brizio asegura que no tiene hilos que pertenezcan a titiritero alguno y descarta que su filiación laboral con Televisa le llegue, eventualmente, a marcar prioridades y privilegios directamente desde la oficina de Decio de María, quien, para su Famiglia futbolística, es una evidente marioneta del Salón Oval de la misma televisora.

Las tareas herculinas de Brizio, le son expuestas en la entrevista de este jueves por la mañana. Dice, con esas tablas verborraicas que le han dado sus constantes apariciones en televisión, que a partir de buenas actuaciones, el arbitraje recuperara credibilidad.

1.- Que la cédula arbitral vuelva a ser la Carta Magna de un juego de futbol. Historias tenemos ya de cómo los reportes han sido manipulados o ignorados o pisoteados, conforme conviene a la Comisión DECIOplinaria.

2.- Garantizar inmunidad a los jueces, más allá de si sus actuaciones son paupérrimas o excelsas, ante los directivos.

No más desde amenazas de muerte en los vestuarios, o hasta zapes en la nuca o vulgares jalones de cabello como Fidel Kuri a Edgardo Codesal. Hoy, la impunidad de los directivos violenta cualquier inmunidad que necesite la autoridad.

3.- Evitar presiones de entrenadores y directivos, condicionando públicamente al arbitraje. Desde la contextualización de sinvergüenzas, hasta chascarrillos de temeridad como el de José Luis Higuera al asegurar que "(Luis Enrique) Santander está firmado y es intransferible", por parte de Chivas.

4.- Brizio reconoció algo determinante: los árbitros mexicanos son los mejor pagados de toda América (el continente, no el equipo, como aclaración para los tendenciosos mal pensados). Es decir, profesionalizados los nazarenos, su rango de exigencia crece, y más aún si cotizan salarialmente de manera muy generosa.

Cifras extraoficiales señalan que un árbitro que participe de toda la liguilla, llega a embolsarse en un mes, más de 20 mil dólares.

5.- Obvio, el árbitro mexicano entonces deberá dedicarse a hacer en su preparación diaria, lo que hoy no hacen: estar en forma física; tener una guía nutricionista; olvidarse de la vida loca antes de los juegos, trabajar bajo situaciones de simulacro semejante a un partido, y hasta observar partidos de futbol de sus equipos inmediatos a dirigir.

Según un sondeo desde dentro de la Comisión de Arbitraje, los jueces ni observan los partidos que han pitado, menos aún graban los que no pueden ver, y menos aún tienen una videoteca disponible, y mucho menos hay una sinergia entre los mismos jueces respecto a sus anteriores actuaciones.

6.- Recomendado por Héctor González Iñárritu, alguna vez se sugirió que el predicador del milagro de las bellotas, Imanol Ibarrondo, actualmente en trabajo del glamoroso "coaching" con la selección mexicana, se diera una encerrona con los árbitros, pero estos lo rechazaron.

7.- Que Decio de María deje de manosear las designaciones arbitrales. Lo más importante, y parece que lo tiene entendido Brizio, es la urgente emancipación de su plantilla de jueces, de las intromisiones del presidente de la FMF.

Era evidente que las asignaciones de juegos, lejos de pertenecerle a González Iñárritu, eran imposiciones delirantes, demenciales, de Decio, quien, y en eso coincide con Brizio, elegía a César Ramos Palazuelos, como si este fuera el mejor exponente arbitral, a pesar de que su labor terminaba siendo, partido a partido, un tambaleante mamarracho entre el dolo o la torpeza.

Arturo Brizio Carter fue pasajero de un penoso transatlántico arbitral. Aquel de Javier Arriaga, quien con un poder dictatorial, de cacicazgo, manejo a los silbantes en medio de leyendas negras que ya hemos relatado, pero además con un poder que garantizaba la impunidad de la injusticia arbitral, y hemos reproducido testimonios de ex silbantes jaliscienses como Jesús Mercado y Arturo Orozco.

Los alcances de Arriaga eran tales que hasta logró imponer a su yerno, Edgardo Codesal, en una Final de una Copa del Mundo, con la ya consabida coronación de Alemania en un asalto arbitral sobre Argentina.

Brizio tuvo, entonces, una referencia casi académica de cómo no dirigir a los árbitros de manera licenciosa, lucrativa y sospechosa. Él sabe cómo no debe hacerlo, lo cual, no significa que necesariamente, sepa cómo debe hacerlo.

Al final, la Jornada 1 del futbol mexicano dejará en claro, luego de casi mes y medio en funciones, si Brizio es capaz de conseguir que los árbitros ofrezcan menos conciertos bochornosos de errores y más presencias de certeza y auroidad en las canchas.

Por lo pronto, reitero: ¿Justicia sin poder? ¿Poder sin justicia? En el futbol mexicano se elige el poder sin justicia para evitar que la justicia tenga poder. La llegada de Arturo Brizio Carter a la Comisión de Arbitraje del futbol mexicano, su arribo a la silla del poder, no garantiza ni que llegue la justicia ni que la justicia recupere su poder.

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LOS ÁNGELES -- El circo del tráfico de piernas sigue abierto. Al mercado extranjero y de seleccionados nacionales le restan días de exploración, rumores y negociaciones.

Por lo pronto, dos equipos protagonizan el Draft. Parecen fortalecerse. Pachuca compra los goles de Puch y se juega un albur con Cardona. El primero está a prueba de todo. El segundo ha reprobado todas las oportunidades que se le dieron en Rayados.

Monterrey firma a Avilés Hurtado y a Benítez, con fe ciega en que la mayor parte del problema no es Antonio Mohamed sino algunos jugadores. Tal vez al final de este torneo, lo entienda su directiva.

Luego de que la farsa del Eibar reventara podridamente, Guido Rodríguez se queda en el América. Miguel Herrera, recuperando lesionados físicamente en la cancha y anímicamente por la verborrea de Ricardo La Volpe, tendrá un plantel completo.

El 'Piojo' se queja de un presupuesto piojoso, pero en el monedero de Azcárraga Jean aún quedan centavitos para reclutar en el extranjero pese a la promesa de empezar a respaldar el trabajo de Alfredo Tena, quien, recordemos, debutó a Diego Reyes y a Raúl Jiménez.

Chivas lamenta irse con las manos vacías, pero sabe que después de la Copa Confederaciones y Copa Oro, se abrirá nuevamente el mercado de sus anhelos: Hirving Lozano y Juergen Damm, a sabiendas que, realmente, los dos cuestan más de lo que valen ¿más de 20 millones de dólares por el 'Chucky'?

El Guadalajara aún tiene margen de maniobra. Y ha recuperado su estatus. Campeón con su doblete, alejado del descenso, con Jorge Vergara calladito y con el gerenciamiento de Matías Almeyda, se ha vuelto de nuevo un hábitat saludable para cualquier futbolista.

El Rebaño ya no es el destierro del terror de otros años, cuando iban advenedizos por un salario de seis meses. Hoy hay credibilidad, pero, ya se sabe, en el feudo de OmniLife no hay garantías absolutas.

Cruz Azul especula con sus sondeos por Europa, mientras que Veracruz trata de darle forma a un desdentado Tiburón, especialmente porque Lobos BUAP contrata experiencia, jugadores con amor propio y sin engolosinarse con la bisutería extranjera. Saben lo poblanos, así como el Necaxa que el próximo torneo deben pisar firme, sin asfixias en la porcentual.

La Máquina asegura que se dejará llevar por la mano de Paco Jémez y con la vida directriz de Yayo de la Torre como aval para escapar del pantano del descenso, un tema, ya se sabe, que tienta fatalmente a los equipos del entrenador español.

Y mientras otros se desangran en utopías mediáticas como Querétaro con el 'Niño' Torres, y hasta Tigres espera la recomendación en turno de Gignac sobre las opciones francesas que indaga, Pumas manosea por catálogo, dejando en entredicho la lucidez de selección de jugadores: ¿Formica? ¿Guerrón?.

Lo cierto es que se dan ingredientes para que el próximo torneo sea competitivo, más allá de la estulticia suprema de comenzar el torneo con varios jugadores prestados al Tri de cobre que irá a la Copa Oro y en la que seguramente, bajo la tradición de las bendiciones arbitrales, al menos llegará a semifinales.

Sin embargo, los equipos tendrán más de un mes de pretemporada y quienes comiencen primero a trabajar con seriedad en la cancha y con un plantel con cimientos definidos empezarán a tomar ventaja, de manera que las últimos refuerzos o, como suele ocurrir, adherencias o sanguijuelas que sólo desangren al club, sólo lleguen a cerrar el rompecabezas.

Lo lamentable, en el recuento final del Draft, será saber en esta ocasión cuántos futbolistas mexicanos terminarán en la liga del desempleo, porque ni siquiera lograron irse de bomberos al rescate de sí mismos en la Liga de Ascenso.

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Mexican Liga MX

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LOS ÁNGELES -- Para él, nada ha cambiado, aunque todo ha cambiado. Miguel Herrera regresa a El Nido de Coapa.

Su primera irrupción en El Nido fue satanizada, colectiva y comunitariamente. ¿El Piojo dirigiendo a las Águilas del América? La Catedral del Odio del futbol mexicano estaba en llamas, y el bombero emergente quería apagarla a soplidos.

Un técnico que nunca había ganado nada. Y que cargaba cadáveres de descendidos. Cierto, se había quedado en la antesala con Atlante y Monterrey, martirizado por atrocidades arbitrales. Pero, ¿El Piojo al América?

Y Miguel Herrera llegó con un contrato por tres meses. Como si fuera un internado. Como si fuera una beca al fracaso. Hasta en Tepito ofrecen más en sus ofertas.

Y cuando dio la lista de refuerzos. ¡Esa lista de refuerzos! ¡Cuánta codicia! Herrera tenía presupuesto para lujos de la Quinta Avenida, y se había ido por baratijas al Tianguis de La Bondojito.

Citemos dos nombres que se fueron sumando dos torneos después: Miguel Layún, hasta entonces el escarnio favorito en las redes sociales. Y Rubens Sambueza, un tipo en conflicto hasta con su sombra. Y un Maza Rodríguez a un retiro productivo.

Así, de recoger presuntas piltrafas del desagüe de desechos tóxicos, Herrera armó su equipo, y hasta soportó después la imposición del venezolano Vizcarrondo por parte de Ricardo Peláez.

Bajo esas condiciones, Miguel Herrera resucitó al América. Lo colocó en Liguillas y le llenó el Azteca. El Piojo pasó de ser el Ódiame Más del propio americanismo, a la insignia del nuevo Ódiame Más.

Campeón, subcampeón, el Tri, el Mundial, Copa Oro, y Filadelfia, el aeropuerto donde le salió lo Macho Alfa, zarandeó a un comentarista y le echaron de la selección mexicana, cuando parecía se presentaba un generoso panorama para la selección. Miguel fue el piojoso que arruinó a Herrera, ese día.

Por todo eso, reitero: para Miguel Herrera nada ha cambiado, aunque todo ha cambiado...

Las obligaciones están ahí: ganar Clásicos, clasificar a Liguilla y ser campeón. Y puede agregarse otro: debe ser, inequívocamente, superior a Chivas en esa batalla de 17 fechas.

No lo acepta públicamente, pero El Piojo sabe que debe jugar dos torneos paralelos: uno, en la carrera parejera contra Chivas, y otro en la carrera parejera contra los otros 16 acólitos de la Secta Ódiame Todavía Más.

Y por eso, se lo subrayo, para este tormentoso matrimonio entre Herrera y el América, nada ha cambiado... porque todo ha cambiado.

Sin duda, este plantel armado por el ausente Ricardo Peláez, es más sólido, más prometedor, más ganador, que el que conformó en su primera aventura en El Nido.

En aquel América había sólo un seleccionado nacional respetable: Chucho Benítez (QEPD) y acaso el ya decadente Aquivaldo Mosquera. El resto, del ropavejero. ¿Medina, Valenzuela, Cárdenas, Vuoso, Corral, Molina, Hobbit?

Lo único generoso que encontró fue que Raúl Jiménez y Diego Reyes habían recibido el empujoncito de Alfredo Tena antes de ser despedido.

Pero, esta vez, todos sus integrantes han ganado títulos nacionales o internacionales, y la mayoría son seleccionados nacionales, y varios de ellos mundialistas o ganadores de torneos regionales de América.

Aquel el primer América de El Piojo, estaba chimuelo, este tiene dentadura de oro, más allá de las excusas engendradas en el complejo de persecución de Ricardo Antonio LaVolpe. ¿?

Y en el mercado de esclavos del Draft de Futbolistas que alcahuetea Decio de María, el renacido de Coapa va por más, y más allá de los nombres de Jefferson Montero y Guido Rodríguez.

Por eso, aunque las exigencias se mantienen igual, Herrera cuenta con un plantel que debe marcar desigualdad en la Liga MX.

Antes a El Piojo le dieron unas águilas calvas, desplumadas, gorupientas. Hoy, a este Piojo le dieron un águila con plumaje real.

Llega Herrera avalando su capacidad, al mantener a un equipo de medio pelo, en todos sentidos, como Xolos, al frente de dos competencias. ¿Fracasó en la Liguilla? Era un plantel que rebasó sus verdaderas expectativas. No todos los perros tienen ADN de pitbulls, algunos son más parientes de los chihuahueños.

Con armas muy nobles, Miguel Herrera está listo para la doble cacería: Chivas y las zaleas de los otros 16 Ódiame Más.

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Javier Hernández

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LOS ÁNGELES -- El fanático prefiere vivir en el País de las Maravillas, con Alicia y sin Alicia, mientras no falte el alucinógeno gato bodeguero con la sedosa piel a la moda de Jorge Campos, desafiando la acrofobia de sus genes, trepado en un árbol.

Al fanático del Tri, ese compadecido peregrino que cada cuatro años, regularmente, acude a la Meca de la FIFA, en busca del milagro mundialista, para regresar en la procesión marchita y calamitosa de la realidad conkakafkiana (diría Guillermo Chao), es difícil explicarle las alucinaciones de un 3-1 sobre una Irlanda que aún puede ir a la Copa del Mundo Rusia 2018.

Más complicado es cuando algunos, no todos, de los heraldos mediáticos se empeñan en regodearse en el inescrupuloso resultado, como verdad absoluta. Y después, cuando el oropel se desgasta...

Vanagloriada como el artificio supremo de la competencia, la victoria también tiene la perversidad del engaño, especialmente cuando tiene el beneplácito de la complicidad de la muchedumbre que elige la catarsis del resultado.

Fácil sería decir que México fue un tsunami esmeralda sobre los despojos irlandeses en la cancha del MetLife, cuya tribuna reporta más de 42 mil asistentes, y uno se pregunta porqué no entraron todos al estadio si tenían boleto pagado. Hasta en esas cifras hay una manipulación.

Unirse a la fiesta y condecorar a un buen jugador como el Burrito Hernández como el diamante en bruto que México estaba esperando y que no sabía que ahí lo tenía, o cobijarse bajo el techo de la especulación de "les hicimos tres pero pudieron ser ocho", desencadena violentamente suposiciones.

Este Blog debió entregarse la noche del jueves y no la madrugada del viernes. Hay una explicación. Con el partido grabado y poder verlo nuevamente -suplicios inminentes del oficio--, fraccionado y en detalle, permite sacar conclusiones menos festivas.

Los irlandeses, a diferencia de los croatas en el Coliseo de Los Ángeles, salieron a desperdiciar el partido. Cierto, la brutalidad del jet lag, la confusión biológica de los ritmos circadianos, y la flemática indiferencia, equivalente al mexicanísimo valemadrismo, esquematizaron una irrealidad para el Tri.

En los goles, y en las acciones ofensivas de México, es tan evidente ese segundo de reacción tardía, ese segundo para tratar de salir de letargo muscular y emocional, que permite, desde deficiencias en la marca, como en las coberturas, como en la reacción con el balón directamente en juego.

Rescatables, gratificantes y ratificantes, sin duda, dos situaciones del juego: el portento de jugador que es Carlos Vela, quien llegó un momento en que hizo gala de displicencia, y en su arsenal de cualidades se dedicó a tratar de bobalicones a los adversarios.

La otra postal valiosa: Raúl Jiménez, quien dicho en el círculo íntimo del mismo Juan Carlos Osorio, será su centro delantero titular en la Copa del Mundo Rusia 2018, y deberá dar pistas de ello en la Copa Confederaciones.

Evidentemente, de esa modorra integral de Irlanda, poca culpa tiene México. Pero, por eso subrayábamos que cuando se embelesa miopemente el lado perverso de la victoria, se construyen nichos frágiles.

Ese segundo y esos metros que encontró México ante Irlanda, para juguetear con el adversario serían un hallazgo al enfrentar a Honduras y a Estados Unidos en el Estadio Azteca.

Ciertamente México es favorito ante catrachos y estadounidenses. Pero, quien piense en ese sobrepoblado País de las Maravillas del ¿alucinante? 3-1 ante Irlanda, que Honduras no ha evolucionado de la mano de Jorge Luis Pinto, o que Estados Unidos no será muy distinto ahora con Bruce Arena, no llegará a la hora del té.

El Tri puede, debe, quiere, amarrar el pase al Mundial de Rusia 2018 en esta doble jornada en el Estadio Azteca. Pero, el equipo necesita inocularse ante esa epidemia de exitismo, de euforia extrema, del 3-1 ante los sonámbulos irlandeses.

Y sin olvidar, como desde hace año y medio insistimos, a Juan Carlos Osorio no se le buscó para tratar de seguir siendo el campeón de casi todos los torneos moleros que le organiza SUM al Tri, ni para llegar al Mundial, sino para tratar al menos, por ejemplo, de emular a EEUU y Costa Rica, que ya saborearon la circunstancia del quinto partido.

E insistir: ni Osorio es el primer culpable del 7-0 ni tampoco el supremo responsable de la victoria en Columbus para romper el dominio del padrastro estadounidense.

Los jugadores, ellos, especialmente los pomposamente llamados europeos, son, recalco de nuevo, son los genuinos hijos bastardos del 7-0 y los genuinos patriarcas de la invasión a Columbus. Por eso, ellos y sólo ellos decidirán en el Estadio Azteca.

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Javier Hernández

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LOS ÁNGELES -- Defendía Johan Cruyff que el clímax del futbolista es a los 29 años. Es su punto de quiebra. Su parteaguas.

A esa edad, explicaba Cruyff, ya sabe todo lo que debe saber. Ya no debe haber misterios ni secretos. "A los 29 años se identifica al que será un jugador diferente, a menos, claro, que sea un genio como Messi, Pelé, Maradona...".

Javier Hernández llega este jueves a los 29 años. Su futbol rudimentario, lejos de la exquisitez, pero cerca de la red, lo descarta como genio, pero no, aún, como un futbolista diferente. La puerta sigue entreabierta.

Chicharito
Getty Images

Para Chicharito ya no debe haber misterios. Ya dio vueltas olímpicas, jugó Mundiales, vistió de Tricolor, impuso récords, se vistió con las más elitistas galas de Inglaterra y España, aunque terminó recluido en un club de vitrinas absolutamente vacías, como el Bayer Leverkusen, cuya sala de trofeos sigue sin inaugurarse. La montaña rusa no se detiene.

En ese brusco deambular entre cima y sima, entre desfiles y procesiones, sin duda lanza generosos mensajes de integridad. Cita con frecuencia un pergamino sacado seguramente del vientre de alguna galleta china: "Dios asigna a sus mejores guerreros las batallas más duras".

Y resistió el pendular y voluble desplante de Sir Alex Ferguson, al llevarlo del mimo al desdén; y sobrevivió a ser execrado como plebeyo de la corte de estilistas de Cristiano en el Real Madrid, y en medio de la mediocridad en el Leverkusen asomó con goles reconciliatorios durante la fallida cruzada en la Champions.

Ha, pues, vivido todo. Escalado muros y desbarrado en fosos. Está en ese punto de transición dramático que mencionaba Cruyff: los 29 años, el momento justo en que el futbolista elige ser historia o hacer historia.

Ciertamente hoy es más jugador de futbol que aquel rematador estrambótico, circense, pantagruélico, accidentado, desaliñado, que se tropezaba y anotaba, y reencarnaba como El Chaplin del Gol, capaz de un remate que pareció emular aquel de Jared Borgetti ante Italia, o aquel a tres bandas, cuando remata cayendo y el balón rebota enloquecido entre cachete, trompa, ceja, oreja y sien antes de caer como guillotina en las redes del Chelsea de Ancelotti.

Más atlético, más fuerte, más resistente, más completo, se ha convertido en uno de los atacantes con más recorrido defensivo del equipo y recuperador de balones, obligado por un equipo de poco abordaje al área rival, a ser él mismo el generador de sus propias esperanzas. Pero su Estrella de Belén es el gol.

Son tiempos de cortejo, de coqueteo. Más allá de sus faranduleros noviazgos, incluyendo a la Sodi que le espeta -¿despechada?- que "le quedó grande la yegua", hoy a Javier Hernández lo visten con modelitos nada descabellados: Dortmund, Lyon, Los Ángeles, Sevilla, Manchester United y, recientemente, en demenciales rumores, como relevista de Gignac en Tigres.

Concentrado con la selección mexicana, Chicharito se encuentra confrontando la encrucijada, su encrucijada. Esos 29 años, ese punto de quiebra, ese punto de partida, ese punto de lucha o de rendición, del que hablaba Cruyff. Lo cierto es que no hay retorno.

Con su vida financiera resuelta, asegurando que la última camiseta que vestirá será la de Chivas, aún espera terminar las tareas inmediatas con la selección mexicana, con la esperanza de que después de la Copa Confederaciones haya contratos generosos, pero, sobre todo, ambiciosos. ¿El último amanecer antes del ocaso?

Según la numerología de la cultura india, los ciclos del ser humanos cambian dramáticamente cada siete años.

A los 21 años (tres veces siete), Chicharito tuvo los primeros contactos con el Manchester United a través de su visor para América. Meses después estaba en la Liga Premier. Antes de cumplir ese ciclo de los 28 (cuatro veces siete), y brincar a los 29, hacia dónde apuntará su Rosa de los Vientos.

Javier Hernández lo sabe, tal vez sin saber la juramentación de Cruyff: a esos 29 años, es el momento de hacer historia... o de ser historia.

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Javier Hernández

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LOS ÁNGELES -- El Campeonato de Chivas se eterniza en la lealtad de la historia. La memoria tiene su propio Salón de la Fama y su propio Salón de la Infamia. En el primero reposan los jugadores, en el segundo, como ermitaño, el árbitro Luis Enrique Santander.

Los hijos festivos de la consumación del título 12 del Guadalajara aún deambulan en las calles con la misma armadura rojiblanca, olorosa al festín dominical y prófuga del detergente. Aún comparecen ufanos en las redes sociales y hasta en esos pájaros de tela de vuelo desbocado, que asoman por la ventanilla de los autos. El desfile de los excesos.

En una frase disonante, intrusa, incómoda incluso, en pleno festejo que dejó escapar Matías Almeyda, en ese aluvión glorioso de la verborrea, puntualizaba sin que a nadie le interesara: "Mañana (el lunes) empezaremos a ocuparnos del Bicampeonato".

Ese mañana interesante para El Pelado, se conjugaba, en ese momento, obviamente, con el verbo del valemadrismo en el entorno de la euforia que vivía la Nación Chiva. A quién le importa pensar en diciembre, cuando en mayo la cabalgata de supremacía apenas comienza.

Síndrome de Campeonitis. Dícese de esa calamitosa herencia que se ensaña con el vencedor, al menos, detectable fácilmente en el futbol mexicano. El cementerio exclusivo y elitista de los campeones que encaran la decadencia al torneo siguiente, está lleno de adefesios de tumbas.

Sólo dos entrenadores y dos equipos han escapado a tal epidemia: Hugo Sánchez con Pumas y Gustavo Matosas con León. Tuca Ferretti y Tigres sacaron solicitud para unirse al club este año. Fracasaron. El Purgatorio de la Campeonitis.

¿Tendrá Almeyda la receta? Ya hemos documentado estos casos: si para el campeón es complejo, para el subcampeón es desastroso. La resaca del título.

¿Qué ocurre? Los entrenadores titubean para explicarlo. Parece escapárseles de las manos la identificación puntual de esta invasiva enfermedad. Incluso para técnicos con numerosos trofeos y numerosos sepulcros.

¿Aburguesamiento de los jugadores?

¿Falta de refuerzos?

¿Desidia del entrenador por recapturar sus espíritus?

¿Los rivales aprendieron?

¿La soberbia de creer que pueden ser mejores cuando quieran?

¿El empalago de elogios?

¿El hartazgo de fama y fortuna?

¿Las envenenadas voces de promotores que les prometen Europa?

¿Ese devaneo de sentirse que son los mejores con, sin y a pesar de su propio técnico?

Y claro, la negación de los entrenadores a que este Síndrome de Campeonitis existe. Los técnicos, seres humanos sensibles a su entorno, también caen en la fatuidad, en la petulancia de creerse capaces de controlar todos los escenarios.

Incluso hay un ejemplo perfecto, con la zalea humeante del vencido: Tigres. Tuvo un mal arranque del torneo. Aprovechó para hacer su pretemporada en pleno Clausura 2017, y por un gol se metió a la Liguilla, y de ahí, con el oficio del grupo, a la Final, donde su destino los alcanzó.

Matías Almeyda es amo y señor de Chivas. Su feudo, la cancha, es infranqueable. El tipo, que mantiene ese carisma que cargó como jugador, no permite intromisiones. Silenció a Jorge Vergara y es inmune a los disparates de su mecenas, ese que Ricardo Peláez inmortalizó como "el pelagatos de Jorge Vergara".

Chivas ha sido un generoso propulsor del Método Almeyda. Ha colocado en redes sociales las arengas de El Pelado al grupo de futbolistas. Algunas de ellas intentan rivalizar con las arengas espectaculares de Al Pacino en Any Given Sunday (Un domingo cualquiera).

El entrenador argentino, que ha terminado de graduarse como técnico en el banquillo aterradoramente inestable del Guadalajara, es un beneficioso y nada pernicioso Flautista de Hamelín. Un encantador a capela de serpientes.

Y seguramente Almeyda ya elaboró su propio pacto de alianza. Y en la reunión de esta semana, con Vergara e Higuera debe entregar ya las tablas con su declaración de principios, derechos y obligaciones.

1.- Tratar de mantener prácticamente el mismo plantel. Almeyda ha conseguido un recurso poderoso, según Jair Pereira: "No hay nada que uno de nosotros no haga por el compañero".

2.- Sabe que ha transformado a futbolistas. Insisto: este Pizarro es mejor que el de Pachuca, este Orbelín supera al de Querétaro, y este Pulido alcanzó el otro extremo del figurín narcisista del que se burlaba Tuca Ferretti. Carlos Salcido ya buscaba las pantuflas y la mecedora, y hoy gruñe con y por el gafete de capitán.

3.- Agregar a jugadores que solidifiquen al grupo. Así como Pulido, Zaldívar, Fierro y Calderón renunciaron a ser sólo objetos decorativos cuando la pelota la tenía el contrario, necesitará un par de futbolistas dispuestos a esa misma devoción y fervor.

4.- Pero, sobre todo, que Almeyda quiera seguir siendo el mismo Almeyda. Que logre blindarse ante las tentaciones obscenas. Esas voces de sirenas perversas. Que en Europa lo quieren, o que la selección de tal o cual país, o que River quiere repatriarlo a su cuna...

5.- Y sobre todo, El Pelado debe aprender a valorar su nuevo estatus en medio de esas advenedizas aves de paso. Su promotor querrá que cobre más, y su grupo de trabajo querrá más dividendos que el bono que recibieron.

Habrá otros capítulos por establecer, esos que sólo quienes conviven en el clan de Almeyda pueden definir.

Sin embargo, entrenadores con sabiduría en el futbol, han fallado al tratar de sobrevivir a ese Síndrome de Campeonitis. Eso, pule, abrillante más, las gestiones exitosas de Hugo Sánchez con Pumas y Gustavo Matosas con León.

Víctor Manuel Vucetich, Enrique Meza, Manuel Lapuente, y el Tuca han intentado, dentro de esas revelaciones de sus propios éxitos y fracasos, superar la erosión de la Campeonitis. Pero, han sucumbido.

Parecería, con las cartas que ha puesto Almeyda sobre la mesa, que está dispuesto a jugar el albur a una sola mano, al todo o nada: el Bicampeonato o la victimización de ese Síndrome de Campeonitis.

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LOS ÁNGELES -- Quedará como asterisco ominoso en el Campeonato de Chivas, ese penalti sobre Sosa que se tragó impúdica, sospechosa y obscenamente el árbitro Luis Enrique Santander. Indudablemente. La patada brutal existió.

A pesar de ese despojo arbitral a Tigres, que seguramente era canjeable desde el manchón por el 4-4 global de una aguerrida, seductora y electrizante Final, hay, por otro lado, una pirámide inobjetable de méritos de Chivas.

Insisto, esa falacia arbitral, equivale a una gran verruga en la nariz de una Miss Universo, pero...

Con el Doblete de Copa y Liga, aspirando al Triplete del artificio de Campeón de Campeones, Chivas corona un torneo de muy respetable nivel y de encomiable ejemplo.

Hizo el mejor futbol en el torneo, y fue le emancipación absoluta del jugador mexicano, ante los grilletes corruptos y corrompidos de dirigentes, promotores y Federación Mexicana de Futbol, es La Famiglia de Decio de María.

Es una declaración de principios que hace el Guadalajara: se puede ser campeón jugando de manera espectacular y sólo con futbolistas mexicanos, especialmente en un balompié donde las damiselas prostituidas de los clubes, trafican suciamente con muchos extranjeros de nivel pelagatos.

Cierto: Chivas ha puesto en un impasse, en una pausa, la manifestación de su cantera. Inversiones superiores a 50 millones de dólares en tres años, lograron armar este equipo campeón, insisto, para quienes refunfuñan, con la imagen irrefutable del penalti sobre Sosa.

Sin embargo, la incubadora sigue trabajando. Aunque con La Chofis siendo su principal desmentido, pero con jugadores como Pérez, Zaldívar, Cisneros, Torres, en la línea de espera, hay potencial en el Rebaño para futuros torneos.

¿Se atreverán el resto de los 17 equipos a un salto semejante? ¿Se atreverán a ser agradecidos con su afición y ofrecerles un equipo ambicioso y de generoso futbol en la cancha?

¿Se atreverán esos 17 clubes a abrir la puerta a mexicanos que seguramente demostrarán que no se necesitan algunos jugadores extranjeros, de los cuales incluso unos pocos, son bazofia en sus ligas nacionales? Porque, tomando a Tigres como referencia, Gignac sólo hay uno. Y Guido Pizarro, también.

¿Se atreven los despilfarradores, los derrochadores de Monterrey y sus decepcionantes y costosísimas contrataciones? ¿Y los que suman 20 años sin títulos, pero cerca de 70 bultos adquiridos del extranjero vía Miami, es decir Cruz Azul? ¿Y los que tienen la posibilidad más cercana de hacerlo, como el mismo América? ¿Y Atlas y Pumas reencontrarse con sus raíces.

¿Necesitan más ejemplos de que si Chivas puede otros pueden? Lobos BUAP se coronó en otro fértil terreno de gambusinos extranjeros como la Liga de Ascenso, jugando sólo con mexicanos y su único extranjero era banca.

Claro el afán de lucro, de robarse a sí mismos, de vivir en ese carrusel del fraude, amañados con los promotores, lleva a algunos directivos a hacer operaciones con cifras millonarias que se esfuman misteriosamente entre lo que dice cobrar el que vende y lo que dice pagar el que compra.

Indudablemente, hay un punto de apoyo. Matías Almeyda logró conformar y encontrar el punto de ignición, de ebullición de cada jugador. ¿Cuántos pedíamos a Carlos Salcido hace un año su retiro, y se fortaleció física y moralmente para convertirse en un jugador clave?

¿No es este Pizarro mejor que el de Pachuca? Indudablemente. ¿Y este Pulido que públicamente cremó Tuca Ferretti, no ha sido transformado de su soberbia conocida a una lealtad gremial innegable? Con ellos y con otros, Almeyda consumó la metamorfosis. Multiplicó el verbo deber, con poder y querer.

Más allá de sus disparates iniciales, lamentando tener sólo mexicanos, Matías Almeyda demostró, y esto lo subrayo nuevamente, más respeto, devoción y fidelidad al jugador nativo que otros entrenadores, incluso, insisto, mexicanos.

Por eso, y vuelvo y recalco, más allá de que ese penalti no marcado es un lunar, una excrecencia con aterrorizantes y gruesos vellos en el rostro de una Miss Universo, en el acumulado, en la retrospectiva, Guadalajara fue construyendo ladrillo a ladrillo el nicho de este Doblete que en una par de semanas puede ser un Triplete, si vence, de nuevo a Tigres.

¿Puede Tigres lloriquear por ese penalti no marcado? Puede hacerlo, pero, tampoco debe olvidar sospechosísimas torpezas arbitrales cuando se corona ante Santos, Pumas y América. ¿El fanatismo enferma de Alzheimer?

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LOS ÁNGELES -- Lo peor del juego de ida es que sólo duró 90 minutos. Lo mejor del juego de ida es que dejó emplazado a una jornada de suspenso, guerra, fervor, drama y angustia, el juego de vuelta.

Chivas desató el asombro con el 0-2 (Pulido y Pizarro), y en un cierre escalofriante, con el reloj desangrando sus últimos minutos, Gignac explotó con la Marsellesa de Misión Imposible para dejar un veredicto sin sentencia: 2-2.

Nahuel Guzmán se vistió con la piel de Judas. Dos esperpentos de salidas y despejes dejaron en la órbita, de un vindicativo Pulido y de un hambriento Pizarro, las escrituras de la gloria y del asombro en medio del colapso de Tigres.

Lento, con desplantes casi de omnipotencia, el héroe de hace cinco meses, este mismo Nahuel, se convirtió en patiño de la pretendida hazaña del Rebaño, que en el primer tiempo dejaba trémulo, sudoroso, castañeante y desfalleciente a la afición de Tigres.

A Chivas lo sentencia el agotamiento. Notable el esfuerzo y la capacidad física, pero era evidente, conforme el encuentro llegaba al ocaso, que arrastraba, también el ocaso del almacén aeróbico y anaeróbico del Guadalajara.

Con un dominio casi absoluto de Tigres, poseyendo el balón, obstinado en la obligación que enerva a los que se sienten y hacen sentir como favoritos, los felinos trataban de demostrarlo siempre.

Pero Matías Almeyda había montado una trinchera movediza y efectiva, que logró maniatar a Aquino, que mantuvo a Sosa como un invitado de piedra, mientras que Zelayarán exigía constantemente la pelota, pero sólo para recorridos chatos, sin penetración.

E incluso, hasta antes del empate escalofriante y aparatoso, Gignac se dedicó más a reclamar faltas y fingir lesiones, que a poner en la cancha esa grandilocuencia que tiene en los pies para cronicar epopeyas.

Al amparo de los dos goles, Chivas eligió la transpiración y desdeñó la inspiración. El 0-2, ese marcador falaz y tramposo, le llevó a elegir una forma de sobrevivir, que le alcanzó apenas, en el despertar vigoroso de Gignac, para un punto de partida en cero para el juego de vuelta, desde la ingravidez del 2-2, que, evidentemente, fue festejado casi como el pariente rico de la victoria por unos Tigres que arrastraron la soga del condenado durante 80 minutos.

No ocurrió, sin embargo, que Tigres resucitara porque Chivas se había ido de fiesta a festejar anticipadamente. Ocurrió que el tremendo esfuerzo físico, empezó a desconcentrar al Guadalajara. Claro: perseguir, atosigar, arrinconar, azuzar, anular y encima hacerle daño a un equipo con el poderío de Tigres había sido obra de colosos espirituales.

Un ejemplo de ello fue Rodolfo Pizarro, en la agonía física, cuando es imposible pensar ya con claridad, cuando hay confusión y un rictus mental de ausencia, empezó a perder balones en la salida y sus recorridos suicidas en la marca se originaban más por el resplandor desesperado del entorno: la Final.

Incluso, antes de la consumación del empate por parte de dos remates reflejo de la riqueza asesina de Gignac, Chivas tuvo dos jugadas de contragolpe, y en la desconcentración y la fatiga eligieron mal en la última jugada y en otra, Alan Pulido disparo desde fuera del área a las manos de Nahuel porque era la forma más digna de claudicar.

Mientras tanto, en su riqueza de cartas, Ferretti había colocado en la cancha las travesuras desordenadas, pero penetrantes de Damm y la sabiduría, con esos vestigio caracoleros que conserva aún Damián Álvarez en la cámara hiperbárica para replegar aún más al Guadalajara.

El 2-2 deja inmaculadamente blancas de incógnitas y misterios las 90 páginas de la reseña del juego de vuelta.

Chivas ya sabe cómo, pero ahora en su propio estadio. Y Tigres sólo espera que Nahuel no repita sus torpezas suicidas, para no necesitar, otra vez, al cazador furtivo francés.

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LOS ÁNGELES -- Lo hacen sonar a réquiem. O a excusa. O a abnegación. O a rendición. O a consuelo. O a epitafio...

Lo hacen sonar a deserción. O a fuga. O a abandono. O a claudicación. O a herencia. O a testamento. O a maldición. O a genética...

Lo hacen sonar a patíbulo. O a ejecución. O a paredón. O a inmolación. O a condena. O a fatalidad. O a predestinación. O a premonición...

En el contexto de la Final del Clausura 2017, encapsulado bajo ese entorno del Juicio Final cíclicamente semestral, Chivas aparece martirizado y desahuciado bajo una sola expresión nacionalmente antinacionalista: "Es que son sólo mexicanos".

Y de ahí, al suicidio emocional, en un acto fugitivo, despojándose del lastre de las obligaciones y embalsamando, entonces, al Guadalajara ante la poderosa selección de seleccionados nacionales de diversos países que es Tigres.

El lamento, el gemido, se reinventó, de hecho, en las profundidades emocionales de Matías Almeyda. En su gestión, esa queja ha azolado y la ha asoleado en los tendederos de algunos resultados adversos, como si fuera una súplica de clemencia. "Es que sólo cuento con mexicanos". El capitán de la orquesta del Titanic saltó antes de que zarpara.

No ayuda mucho, por ejemplo, un personaje de célebre pundonor y cuyo sello es esa quijotesca hidalguía ante la adversidad, como lo es Javier 'Chicharito' Hernández. Sin duda, sólo Hugo Sánchez derribó más molinos de viento que el aún jugador de Leverkusen.

En charla con Sergio Dipp, de ESPN, Chicharito comenta que sus compañeros en el Tri le recriminan el nacionalismo de Chivas: "Me dicen que por güeyes jugamos con mexicanos y yo les digo que no, que por valientes jugamos con mexicanos".

Poco ayuda Javier Hernández con su reflexión. En esa pose de abogacía, en realidad pregona que es temerario e imprudente jugar sólo con mexicanos. La valentía asoma como un acto de heroísmo ante los riesgos y peligros inminentes.

Partiendo de las jaculatorias de Almeyda y Chicharito, jugar con mexicanos es, entonces ¿un acto de heroísmo ante el inminente desastre, un acto desesperado ante la catástrofe, o patadas de ahogado ante la calamidad?

Almeyda enmendó sabiamente en una arenga íntima en el vestuario. "Van a ganar, van a salir a ganar porque son mexicanos", y seguramente, ese será la poderosa arenga cuando este jueves y el domingo, Chivas salte a la cancha ante el equipo con más seleccionados nacionales de diferentes países en el continente americano.

Implacable crítico de los mexicanos, pero sin caer en esos deslices atormentados de discriminación de José Vasconcelos, el Premio Nobel Octavio Paz reflexionó: "La resignación es una de nuestras virtudes populares. Más que el brillo de la victoria nos conmueve la entereza ante la adversidad".

Ciertamente entre el estereotipo del mexicano que pretendió acuñar Octavio Paz en su frase, y las generaciones actuales, ha habido una metamorfosis. La educación bruñe dramáticamente la conciencia crítica.

En redes sociales se ha manifestado, de manera poderosa, esa repulsa al estigma implícito en la frase que negocia la inminencia de la derrota para Chivas porque "es que son sólo mexicanos".

De hecho, parece, más bien, ser el himno arrullado con rencor y saña por quienes evidentemente desean más la derrota del simbolismo del Guadalajara, que por una manifestación genuina de un "mexicanocidio".

Porque, en un entorno más universal, esa misma muchedumbre -aficionados, medios, directivos- se llenan del Síndrome del #MasSiOsare cada cuatro años con ilusiones en torno a la selección mexicana, que, según ellos mismos, a final de cuenta "son sólo mexicanos", y porque además, los naturalizados que han sido concitados han ayudado poco y nada.

Irónicamente, los mismos dueños del futbol mexicano, prohíjan ese lamentable y nacionalmente antinacionalista santo y seña de "es que son sólo mexicanos", cuando pasan de la regla absurda y atentatoria del 10/8 a la farsa del 9/9.

Para quienes se envenenan en redes y medios electrónicos, y este abandonado espacio, no les es nuevo saber que mi simpatía por Chivas es tanta como la esperanza de que haya vida inteligente en la Luna... o en la FMF.

Sin embargo desde hace años, ante esa agresión administrativa, competitiva y laboral de los directivos al futbolista nativo, promulgo ese deseo de que el Guadalajara se regenere, consiga títulos, porque es la reivindicación absoluta del futbolista mexicano.

Y quede claro, no es porque "sólo juega con mexicanos", sino precisamente porque "juega con mexicanos". Y hay una gran diferencia.

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LOS ÁNGELES -- Con los paramédicos en la banca, con linimentos, árnica y chiqueadores en el botiquín, Chivas llega a la Final. Una larga ausencia. El Paraíso les había sido negado.

El problema, más allá de la metáfora, es que se sacaron en la rifa la piel del Tigre. Pero, la piel aún la trae muy bien puesta, y lustrosa, ese Tigre. Y desollarlo, será complicado.

Con Carlos Salcido en el infierno reumático, y un Chelo Zaldívar que en el pecado de la precipitación encuentra la penitencia de la recaída, más un Carlos Fierro en duda, Guadalajara volteará a la incubadora en busca de soluciones ante un equipo despiadado, convencido, concentrado, soberbio.

Con la serie de lesiones y recaídas, de decisiones mal tomadas, operaciones infructuosas, parecería que en el cuerpo médico de este Chivas ofician sobadores y curanderos, cuando por años han tenido al cirujano mágico, Rafael Ortega. O deberán revisar el trabajo físico: la perfección aeróbica no garantiza la perfección anaeróbica.

Agreguemos al 'Conejo' Brizuela y a Carlos Cisneros, en la suma de bayonetas rotas en la infantería del Guadalajara.

Deshaciéndose de Toluca, como del Atlas, con el reglamento salomónico a rajatabla, Chivas confirma sus credenciales: embelesa, pero con ellos arrastra un costo físico brutal, que se solventa, en parte, por la juventud del plantel.

Pero, lo comentamos, en la anterior entrega, este Rebaño sólo sabe jugar de una forma, afortunadamente. Por eso, el 1-1 de la ida era una emboscada. Ahora, con la columna vertebral fracturada, y con un ritmo y libreto en el que ninguno de los integrantes puede dar concesiones o desconcentrarse, Matías Almeyda ha visto como la flotilla de Ferraris con los que arrancó el torneo, empezaron a quemar motores.

Ante Tigres, Almeyda tendrá que elegir entre el suicidio o la supervivencia desde el Juego de Ida en Monterrey. La Final puede tener su veredicto desde ahí.

Por ejemplo: ¿enviará al sacrificio a 'Chapito' Sánchez ante los aviones que enfilará por su zona el Tuca Ferretti? Chivas tiene un excelente carrilero, pero es un defensor puntualmente de medio pelo, y si además le permite desplazamientos hacia el frente...

En media cancha, la mejor forma de visitar a Tigres es colocar a tres de los mejores contenciones mexicanos muy encadenaditos y compactos: Orbelín Pineda, 'Gallito' Vázquez y Michel Pérez.

¿La 'Chofis' despertará algún día? O entonces tendrá que resignarse con 'El Avión' Calderón de soporte a una aventura gloriosa de Rodolfo Pizarro y Alan Pulido. Y ante el bloque sólido de Tigres, se necesitará más que eso para despellejarle la zalea a los felinos.

El conflicto de Chivas es que parece demasiado tarde para aprender una forma distinta de jugar. Su vértigo abierto, preciso, de enroques, atrevimiento y hasta en el mano a mano, puede, causarle migraña al adversario, y hasta generar oportunidades de gol, pero necesitará ser certero en la embestida final, y eso, ante un portero como Nahuel Guzmán, se vuelve una misión aún más compleja.

Por eso, en el Juego de Ida, Matías Almeyda deberá valorar muy bien las indicaciones a sus piezas. Y no sólo de orden táctico, sino de exigencia física. Tigres aprovechó la primera mitad del torneo para hacer su pretemporada, y después campear insolente en el desenlace.

Como sea, la expectación y las expectativas sobre la Final del Clausura 2017 son generosas, especialmente para un proyecto probado, claro de manera doméstica, como el de Tigres, y otro, de reivindicación absoluta del jugador mexicano con Matías Almeyda.

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LOS ÁNGELES -- El reglamento le cuenta un embuste a Chivas: salió con ventaja de Toluca con el 1-1. La regla lo bendice con gol de visitante y posición en la tabla. Un infundio.

El 1-1, a un equipo como el Guadalajara, de poco lo sirve. En la doctrina que practica de jugar ofensivo, y de la evidente repulsión que siente ante la especulación, este 1-1 es como partir de cero. Verlo distinto es suicidio para la osadía de Matías Almeyda.

Pensar que el Rebaño fincará su estrategia, ante un equipo desesperado como Toluca, con el código de la especulación es una farsa absoluta.

Sin duda el Guadalajara gana en tranquilidad y cultivará, en medio de esa desazón y desespero del adversario para poder administrar mejor la forma de atacar al Toluca.

Pero, es sabido, es imposible que Chivas pretenda fincar su pase a Semifinales en la tacañería obsesiva de defender el dictamen del 1-1, por hábitos futbolísticos y por defectos futbolísticos.

Por eso, por el espectáculo, mejor aún. A sabiendas que Chivas parte del principio genuino de saber que el parcial del juego de este jueves en Toluca es poco lucrativo, buscará ponerle su firma al desenlace.

Incluso, la serie ante Atlas debió aleccionar al Guadalajara sobre su incapacidad para especular con el enclenque veredicto de un empate, especialmente en un belicoso trámite ante Diablos Rojos aún con 90 minutos en blanco.

Tras un orden legítimamente cauteloso en el primer tiempo, equilibrando las acciones e incluso desperdiciando un par de remates de Fierro y Orbelín, en la segunda mitad, incorporando a Pizarro y Zaldívar, se adueñó de la estrategia más que del balón, y sólo volvió a tragar amargo cuando quiso volverse compacto en el fondo, especialmente cuando concedía absurdas faltas en los perímetros del área.

Toluca tuvo descuidos por ansiedad. Uno de ellos genera el gol de Pizarro, originado sin duda en la velocidad de respuesta del adversario, especialmente tomando desbordado al ansioso equipo escarlata que entendía la urgencia de romper los bostezos en el marcador.

Más allá de si Hernán Cristante se equivoca demorando cambios y ajustes en el cierre del encuentro, víctima de inmadurez y nerviosismo, lo cierto es que el mayor nerviosismo fue de Uribe y Hauche ante las numerosas oportunidades que le generó la orquesta de Sambueza.

Así, con la mascarada del 1-1, susceptible de ser una emboscada para ambos equipos, entienden Matías Almeyda y Cristante que el juego de vuelta es a matar y morir, lejos, muy lejos, por sus propios estilos de juego, de aferrarse a la fragilidad de un marcador fantasma como el de este jueves.

Porque eso lo han demostrado en el torneo: a Chivas y a Toluca les place jugar sin tener y sin pedir piedad.

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